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[San Sebastián 2021] Terence Davies sigue haciendo películas de las que ya no se hacen

'Benediction' es un biopic del poeta británico Siegfried Sassoon que emplea la gramática cinematográfica con elegancia y rigor.
Benediction
Benediction
Cinemanía

Ante el panorama homogéneo de las imágenes que dominan los cauces de producción tanto en el mundo comercial del streaming como en el del contenido para los circuitos de cine de autor, es un alivio poder confiar en cineastas veteranos como Terence Davies para recuperar los fundamentos de la expresión cinematográfica sin plegarse a ninguna otra moda que su propio estilo personal; lírico y romántico como el eco de un tiempo pasado.

Benediction es un biopic del poeta británico Siegfried Sassoon, emblema de la poesía antibelicista engendrada por la Primera Guerra Mundial donde él mismo participó como oficial del ejército británico y acabó siendo enviado a un hospital militar cuando se opuso públicamente a las decisiones políticas que repercutían en la prolongación del conflicto.

Más allá de sus temas concretos, las películas de Terence Davies siempre funcionan como máquinas del tiempo provistas de meticulosas ambientaciones de época y una cadencia narrativa que invita a arroparse con el manto de la melancolía. Esa manera personal de inyectar recuerdos y sentimientos muy íntimos a retratos amplios y universales, como en los clásicos Voces distantes (1988) o El largo día acaba (1992), dota con una textura especial los proyectos donde aborda la vida de figuras históricas reales, como Emily Dickinson en Historia de una pasión (2016) o Sassoon aquí.

Jack Lowden (Peleando en familia, Dunkerque) interpreta al poeta durante su juventud y edad adulta –un Peter Capaldi (The Thick of It, Doctor Who) bastante desatinado le toma el relevo en fragmentos de su vejez, donde la revaluación del pasado se congela en una mueca amarga–, mientras Davies pone al personaje en el centro del relato sin descuidar ni por un momento el valor artístico de su obra. Son habituales los recitales de poesía, así como los montajes con voz en off leyendo algunos de sus poemas; pasajes de gran musicalidad donde cada sílaba adquiere la categoría expresiva de un cambio de plano.

Esto se disfruta especialmente en los momentos en los que Benediction recurre a imágenes de archivo filmadas durante la guerra, en la carnicería de las trincheras y el infierno de los hospitales, que emergen como contrapuntos de la biografía de Sassoon, esquirlas traumáticas que vuelven como ráfagas para atormentarle por mucho que él sí pueda encontrar la paz con los fantasmas del pasado. Generalmente, amigos y amantes como el poeta Wilfred Owen, o miembros de la acomodada burguesía artística donde el protagonista podía expresar su orientación sexual siempre bajo la fachada de un matrimonio heteronormativo.

La habitual belleza pictórica del cine de Terence Davies, que en Benediction trabaja por primera vez con la directora de fotografía Nicola Daley, se reserva para unas pocas estampas generales. La puesta en escena de Benediction descansa en planos medios, una cadencia de planos-contraplanos apurada al milisegundo por la montadora Alex Mackie, y en general en una narración orgánica cuya continuidad propicia grandes elipsis de tiempo con la naturalidad de una rememoración. La vida de Sassoon va desde la Gran Guerra hasta los años 60, pero se cuenta en lo que podría ser un único verso, escrito con la caligrafía precisa de un maestro como Terence Davies.

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