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Descubre A24, el estudio millenial que ha revivido el cine indie con películas como 'Hereditary' o 'Diamantes en bruto'

Distribuyen, producen, venden velas, crean podcasts, ganan premios. Así es la distribuidora y productora detrás de muchos de tus títulos favoritos. La adaptación de 'Macbeth' por Joel Coen es su nueva apuesta.
'Diamantes en bruto' (Ben Safdie, Joshua Safdie)
'Diamantes en bruto' (Ben Safdie, Joshua Safdie)
Cinemanía

Warren Beaty y Faye Dunaway casi lo estropean. Pero el Oscar no era para La La Land, era para Moonlight. Por mucho que Bonnie y Clyde se empeñasen, aquel no era el año de Warner Brothers, de recompensar grandes presupuestos e historias clásicas, personajes normativos y canciones pegadizas. 

2017 fue el año en el que la Academia decidió fijarse en la primera película producida por un estudio que no llegaba a los cinco años de edad, un relato diverso que se hundía en la realidad de homosexuales y afroamericanos, una obra de autor hecha con libertad por los que acababan de dejar de ser, únicamente, una pequeña distribuidora con nombre de autopista italiana. Hablamos con fuentes de la compañía, nos metemos de lleno en su historia y nos ponemos el disfraz de fareros para entender quienes son estos chavales que lo están cambiando todo.

Vacaciones de primavera

A24 nace en 2012, fundada por Daniel Katz, David Fenkel y John Hodges. Los tres, empresarios con trayectoria en todas las órbitas de lo cinematográfico, desde la distribución hasta la financiación. Tras llevar a salas de cine A Glimpse Inside the Mind of Charles Swan III (empezar con una peli protagonizada por Charlie Sheen, por qué no) y el drama de Sally Potter Ginger & Rosa, el título que realmente permitió a la compañía afinar su modo de trabajo fue una fábula etílica a medio camino entre el coming of age y el botellón. 

Spring Breakers
Spring Breakers

Spring Breakers, el quinto largometraje del controvertido Harmony Korine, hizo que el mundo se preguntase quién era esta gente que, con solo unos meses de vida, entendía la distribución de cine como una forma de arte o se atrevía a lanzar su primera campaña en una temporada de premios, buscando el Oscar para James Franco. Miembros de la empresa recuerdan haberse tenido que reunir con el equipo de Selena Gómez para asegurarles que eran gente real. Spring Breakers funcionó. Harvey Weinstein les llamaba, furioso, sin entender por qué iban a ser ellos los encargados de distribuir The Bling Ring, de Sofia Coppola. Empezaba el ruido.

Su visión atrajo a talento de todo tipo. Denis Villeneuve confió en ellos para encargarse de Enemy después de ver su trabajo con Under the Skin. Se especializaron en campañas sofisticadas en redes sociales y a través de medios online. Con Ex Machina, crearon un perfil falso de Alicia Vinkader en Tinder (Ava, el robot protagonista) para promocionar su estreno durante el festival South by Southwest. Vinkader y Tinder se enfadaron, y ellos tuvieron que despedir a un becario que no existía. Y mientras todo esto ocurría, llega 2016 y su primera producción original, Moonlight, con la que ganarían el Oscar y se convertirían, definitivamente, en un estudio sólido, produciendo sus propias películas.

Por la forma en la que empezaron, y los proyectos que escogieron, la industria y el público tiende a suponer que A24 no es hoy tan grande como en realidad es. Hay mucho más que distribución indie. Después de un crecimiento pausado y estratégico, han pasado de cinco empleados a más de ciento cuarenta. Cada año tienen unas diez producciones en marcha, rodándose por todo el mundo. No hacían televisión y en 2022 estrenan cinco series. 

Lo que dijimos de ella: “La inteligencia artificial nunca había resultado tan natural, humana e inquietante”.
'Ex Machina', de Alex Garland
Cinemanía

No tenían músculo para distribuir internacionalmente sus propios contenidos y ahora lo hacen a menudo. Ni siquiera durante la pandemia, que les obligó a renunciar a algunos de los pilares de su filosofía –no hay oficinas, trabajan en espacios abiertos, promueven un espíritu colaborador que rompe jerarquías– han dejado de contratar y crecer, de ser quienes son.

A pesar de presumir de abanderar la apuesta por la proyección en salas, realmente su alcance viene de la visibilidad que les otorgan acuerdos con plataformas como Amazon, Apple (quienes han querido comprar la empresa) o Netflix. No han dudado en renunciar, cuando ha sido necesario, a la experiencia cinematográfica de las art houses (en las que emiten cine de autor, al contrario que las grandes cadenas) que tanto les ha definido, como con False Positive, un thriller médico que fue directo a Hulu. Esta repercusión ha creado a su alrededor una legión de fans que escuchan sus podcasts, se ponen gorras con su logo o se compran sus libros de cocina.

Historias de fantasmas

En un universo que cree que los millennials no van al cine si no hay superhéroes, A24 ha decidido apostar por una audiencia joven, de menos de 35 años. Creen sinceramente en las ganas de un público hambriento de contenido nuevo, siempre que este se empaquete con personalidad. Y el terror quizás sea el género que más les ha ayudado a llegar hasta ellos. 

“Eggers nos obliga a mirar de frente a un bosque oscuro. Inquietante, y  tan bella como perturbadora”. Lee la crítica completa.
Fotograma de 'La bruja'.
Cinemanía

Con La bruja se consolidaron dos elementos que definirían su estilo. Un tráiler potente, que revela poco del resultado final, con capacidad de hacerse viral muy rápidamente. Y un enfoque que no pasa por buscar hacer películas de terror (como Blumhouse) sino en hacer las películas que Ari Aster o Robert Eggers quieren, aunque estas mezclen géneros o quieran intentar redefinirlos, como es habitual en sus proyectos. Así, Hereditary es su mayor taquillazo, con ochenta y un millones de dólares en taquilla; y La bruja, la sexta, con cuarenta millones.

Esta libertad creativa, esta apuesta por los directores de sus películas, es algo que los creadores corroboran. Bo Burnham, autor de Eighth Grade, definía su colaboración así: “Ellos te dan la cuerda, y con ella puedes hacer una escalera o una soga”. Su secretismo es otra de las bases en su forma de vida. Apenas conceden entrevistas, una inaccesibilidad que, además de agrandar su aspecto rebelde, les asegura su supervivencia ante posibles escándalos como lo vivido con Harvey Weinstein

John Hodges abandonó A24 en 2018 y nadie derramó demasiadas lágrimas. Son la empresa que mejor entiende el Zeitgeist que les rodea. No los verás haciendo secuelas, no les va lo de relanzar West Side Story. Pero están salvando el cine para un grupo de gente que quería contenido de calidad, libre, sin intermediarios, arriesgado, explosivo. Como diría el bueno de Howard Ratner, protagonista de Diamantes en bruto: “This is how I win”.

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