[58FICX] Matías Piñeiro reinventa su reinvención de Shakespeare en 'Isabella'

El ciclo de comedias shakespearianas del cineasta argentino alcanza nuevos niveles de complejidad temporal con motivo de un casting para 'Medida por medida'.
María Villar y Agustina Muñoz en 'Isabella'
María Villar y Agustina Muñoz en 'Isabella'

Han pasado ya diez años desde que, en el marco de la colección anual de mediometrajes Jeonju Digital Project del Festival de Jeonju, el argentino Matías Piñeiro presentó Rosalinda dentro de la entrega colectiva que compartía con el estadounidense James Benning y el canadiense Denis Côté. En Rosalinda, María Villar interpretaba a una actriz que ensaya el personaje de la obra Como gustéis, de Shakespeare, con sus compañeros de una troupe de teatro. En medio de los ensayos, decide cortar por móvil con su pareja, lo que afecta a toda la experiencia.

Rosalinda duraba apenas 40 minutos, pero ya albergaba el núcleo de lo que definiría el cine de Matías Piñeiro durante el resto de la década, dedicada a explorar distintos personajes femeninos de Shakespeare mediante las actrices que preparan los papeles o mantienen diversas relaciones con ellos. Un diálogo fresco y apasionante con obras como Noche de reyes (en Viola, 2012), Trabajos de amor perdidos (en La princesa de Francia, 2014), Sueño de una noche de verano (en Hermia & Helena, 2016) o Medida por medida en Isabella.

Aunque pueda parecer un proyecto muy programado, pasando de una obra de Shakespeare a otra y con una troupe de talentosas actrices más o menos fija que van rotando sus papeles (además de a María Villar nos hemos acostumbrado a recuperar cada cierto tiempo a Agustina Muñoz, Gabriela Saidon, Laura Paredes o Romina Paula), lo cierto es que Piñeiro nunca ha parado de moverse, buscar e introducir variaciones en cada nueva propuesta. En el caso de Isabella, quizás sea la más distinta a las anteriores, aunque mantiene todos los rasgos esenciales.

En Isabella tiene lugar la preparación de dos obras de teatro diferentes. Una es la Medida por medida de Shakespeare, a cuyo casting se presentan las dos protagonistas: Mariel (María Villar) y Luciana (Agustina Muñoz). Dos antiguas amigas que ambicionan el mismo papel de Isabella. Pero también se cuenta cómo Mariel, algo disgustada con el mundo de la actuación, prepara su propia obra teatral protagonizada por piedras. 

Y, por último, tienen gran importancia el color púrpura (el color de la ambigüedad, se dice, pues es tanto azul enfriado como rojo entibiado, fragilidad y fuerza) y un ritual consistente en arrojar 12 piedras al mar, cada una representando una incertidumbre. A la hora de la luz púrpura, se lanzan al agua. Con cada una se da a uno mismo la oportunidad de dudar; si acaban tirándose todas, es que esa decisión ya es una acción.

Esos son los ejes narrativos, lumínicos y trascendentes que articulan el desarrollo de Isabella. Piñeiro decide desordenar cronológicamente las acciones de sus personajes, por lo que asistimos a un montaje en varios tiempos que se entremezclan entre sí, iluminando relaciones y contrapuntos separados por meses o años. Esa decisión puede chocar en un primer momento, incluso generar desequilibrio para orientarse en el relato. Pero, junto a los punteos abstractos y coloristas de la narración que proceden de la escenografía de la obra de Mariel, indudablemente contribuye a llevar la propuesta del cineasta argentino por nuevos terrenos. 

Lo mismo ocurre con las derivas paisajísticas que, ya desde Hermia & Helena, ha tomado su cine, anteriormente plegado del todo a la seducción de la palabra. No faltan los diálogos, ni las repeticiones y la dulce embriaguez prosódica, pero los paisajes y la naturaleza se abren paso. Un anticipo de lo que puede suponer Ariel, el proyecto a partir de La tempestad que Piñeiro lleva unos años preparando con Lois Patiño en Galicia, Canarias y Portugal. Precisamente, imágenes de su rodaje se cuelan en Isabella, aportando de manera azarosa a la ficción un pedazo de vida exterior.

Quizás en Isabella el tiempo se vea tan trastocado, y exista tal trasiego cronológico, porque ha sido un rodaje intermitente, en el que esa vida detrás de las cámaras también se muestra con un embarazo. A Piñeiro siempre se le han dado de maravilla las elipsis, temporales y físicas; ahora ese recurso está en la gestación misma de sus películas.

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