OPINIÓN

Cuatro recomendaciones en Netflix, Prime Video, Filmin y Movistar Plus+

¿Estás harto de cambiar de plataforma sin saber qué ver? Todas las semanas elegimos cuatro películas o series para ti
You
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Netflix
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Vuelve tu psicópata favorito

You, en Netflix

Penn Badgley y Lukas Gage en 'You'
Penn Badgley y Lukas Gage en 'You'
Netflix

Tiene gracia que en la era del #MeToo haya triunfado una serie sobre un acosador, psicópata y asesino con el sex appeal de Penn Bagdley. Sin embargo, es difícil resistirse al encanto de esta propuesta que en manos de otros guionistas y directores hubiese caminado con más dificultad por la cuerda floja.

En esta cuarta temporada, Joe se traslada a Londres bajo una nueva identidad de profesor universitario con amigos ricos. Y sé lo que estás pensando... Pero antes de que le dé tiempo a obsesionarse con alguna de sus alumnas tendrá que vérselas con un acosador que le amenaza en mensajes de móvil anónimos con desvelar sus peores secretos.

Para ir calentando los Premios Goya

Modelo 77, en Movistar Plus+

Miguel Herrán en 'Modelo 77'
Miguel Herrán en 'Modelo 77'
Cinemanía

“El derecho de todo preso es fugarse”, dice Pino, el personaje de Javier Gutiérrez en Modelo 77. Y, en su caso y el de sus compañeros de prisión, sin duda lo es. La última película de Alberto Rodríguez es un retrato de las cárceles en los primeros años de la democracia y, sobre todo, de la COPEL, la Coordinadora de Presos en Lucha.

El director de La isla mínima y su coguionista Rafael Cobos vuelven acercarse a la Transición española con alma de periodistas recuperando este incómodo periodo histórico en el que los presos tenían de todo menos derechos. Como es habitual en su filmografía, Rodríguez y Cobos destilan las entrevistas realizadas a antiguos integrantes de la COPEL en una ficción carcelaria que, aunque incluye una fuga, tiene más del retrato de la cotidianeidad de En el nombre del padre o de la brutalidad algo repetitiva de Papillon que de La gran evasión o Un condenado a muerte se ha escapado.

Rodríguez nos introduce en la Modelo de Barcelona de la mano de Manuel, un chico de origen humilde que acaba en la cárcel por un delito menor. Miguel Herrán presta su inmenso carisma a este personaje en una de las interpretaciones del año. Pero su actuación no es la única que deslumbra en Modelo 77. Fernando Tejero, que da un volantazo después de tantos años acostumbrados a verle en el mismo registro, interpreta a El Marbella, un mafioso de medio pelo que también dará mucho que hablar.

O Jesús Carroza, que consigue en su breve aparición construir un personaje inolvidable. Porque sin duda lo más loable de la película de Alberto Rodríguez es que cada uno de los personajes de reparto y figurantes que vemos en la cárcel, hasta los que dicen un frase, estén en profunda comunión con la historia que quieren contar.

La historia de amor lésbico más bella

Retrato de una mujer en llamas, en Prime Video

2. 'Retrato de una mujer en llamas' (2019)
2. 'Retrato de una mujer en llamas' (2019)
ARTE FRANCE CINÉMA

Un rico milanés encarga el retrato de una mujer a la que pretende. Un macguffin bien masculino para la historia de amor lésbico más bella de la historia del cine.

Céline Sciamma, directora a la que admiramos desde sus comienzos, nos sumerge en el amor prohibido de dos mujeres (la pintora, interpretada por Noémi Merlant, y la retratada, Adèle Haenel) nacidas en el tiempo equivocado. Después de verla no podrás escuchar el Verano de las Cuatro Estaciones de Vivaldi de la misma manera.

El corazón en las tinieblas (colombianas)

Monos, en Filmin

Imagen de 'Monos'
'Monos' (Alejandro Landes)
Cinemanía

“PERO SU ALMA estaba desquiciada. A solas en esa selva, había mirado dentro de sí mismo, y ¡por todos los cielos!, había enloquecido”, escribió Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas tras su descenso del río Congo. Desde entonces, como dejó bien claro Apocalypse Now, Kurtz se ha convertido en la metáfora de todo el horror del que el ser humano es capaz, sin importar dónde sea la guerra o por qué motivó comenzase. Era cuestión de tiempo que Colombia, país que del tema sabe un rato, hiciese su propia versión de esta bajada a los selváticos infiernos. Y eso, y muy bien hecho, es Monos, tercera película de Alejandro Landes.

Monos arranca en lo alto de una montaña, entre riscos y barro, donde una guerrilla de adolescentes custodian y torturan a una doctora (Julianne Nicholson) secuestrada por la Organización. En esta primera parte de la película, de calado antropológico e intenciones que recuerdan a ¿Quién puede matar a un niño? y, por supuesto, a El señor de las moscas, Landes no especifica por qué está presa la doctora ni a qué organización pertenecen los chicos.

Más bien, se dedica a presentarlos mientras retrata la rápida degeneración de su misión, entre armas, alcohol, sexualidad líquida y hormonas de adolescencia. La doctora, víctima y figura maternal de los chicos, sirve de baremo para medir el grado de enajenación del grupo al ser la única adulta, pero, teniendo en cuenta cómo la vemos perder la chaveta en un par de ocasiones, tampoco es decir mucho.

Es entonces, cuando las cosas han llegado demasiado lejos en esta microsociedad depravada, cuando la cinta de Landes alcanza sus cotas más altas en lo cinematográfico. Empezando por una preciosa elipsis y continuando por un clásico de este género, la selva como refugio, huida y perdición última.

Allí, en ese paisaje paradisíaco de folleto de agencia de viajes, los monos se desgajan de la Organización a la que pertenecieron, forman su propia célula, eligen a un líder y se adueñan para siempre de su prisionera en un brote de locura que evidencia lo arbitrario de las guerras, sus jerarquías y bandos. Pero lo fantástico de Monos es cómo Landes cuenta esta pérdida de humanidad a través de una secuencia de montaje que nunca renuncia a lo pictórico y a lo espectacular.

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