Gracias, maestro

Al paseante del Campo Grande, al agradecido vallisoletano que se fue cuando empezaban a cantar los pájaros en el parque, despertando el día. Gracias por crecer con tus libros, por enseñarnos el camino, qué hacen el cuco, el cárabo y la grajilla; por hacernos llorar con Azarías y la niña chica; por ayudarnos a conservar nuestro tan olvidado castellano, a amar el campo y la tierra en que nacimos; por mostrarnos el Valladolid de Cipriano Salcedo, cómo agoniza nuestro mundo y qué podemos hacer por él... Existen demasiadas cosas que agradecerte, pero aquí no podrían caber. Gracias, don Miguel.