Este juego deberían de hacerlo todas las parejas por lo menos una vez al mes. Es muy instructivo y se aprende mucho de los deseos del otro y de cómo nos vemos en los ojos de los demás. Puede hacerse durante un día o durante todo un fin de semana, sólo para el sexo o para toda la vida en pareja. Atrezados y disfrazados o a pelo, eso depende de vosotros mismos.
Tú mujer, imitaras la brusquedad (por ejemplo) de él, la rapidez con la que quiere llegar y “besar el santo”, sus chantajes afectivos, sus frases para intentar convencerte, su aspecto “desnucado” después del orgasmo.
Tú hombre, te dejarás hacer, serás tan pasivo como ella, no dejaras que te toque ni ahí, ni allá. Le pedirás más besos, más caricias, mas, te quejarás de que no te acaricia lo suficiente o que las caricias no tienen “alegría”. Imitarás su demanda de ternura en el después…
Lo mejor de este juego es comentarlo después y…sacar conclusiones positivas. ¡No vale enfadarse!

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