Cinco sitios para visitar en Madrid y sus cinco leyendas negras

Catedral de la Almudena, Madrid, de noche.
Catedral de la Almudena, Madrid, de noche.
Jorge Salvador / Unsplash
Catedral de la Almudena, Madrid, de noche.

"Acabar como el rosario de la aurora" es un dicho integrado en nuestro vocabulario habitual para referirse a algo que ha salido mal, pero tiene su origen y no es precisamente agradable. 

Hay muchas teorías al respecto, todas recogidas por Alfred López, Ya está el listo que todo lo sabe, pero todas coinciden en que fue en una procesión en la que surgieron diferentes altercados.

En lo que no coinciden es en la ubicación, hay quien dice que fue en Andalucía y por culpa de un buey que se escapó; otros dicen que fue en Valencia durante los rezos de madrugada (de ahí lo de aurora) y también está la versión madrileña, según la cual, a finales del siglo XVIII de la Calle del Rosario (Madrid), partía la famosa procesión del Rosario de la Aurora en Madrid; por su parte, al final de la Calle del Arenal, salía otra que veneraba a la Virgen del Henar.

Leyenda negra en Tirso de Molina

De madrugada, las dos procesiones se toparon en la desaparecida Calle de los Remedios (parte de la actual Plaza Tirso de Molina). Ninguna de las dos cedió para retroceder y esto dio lugar a una fuerte riña que llegó a las manos o —mejor dicho— a 'farolazos'. Por eso algunos, utilizan la expresión: "Como el rosario de la aurora, a farolazos".

El nombre de calle más macabra: Calle de la Cabeza en Madrid

Sin movernos mucho de Tirso de Molina, nos encontramos con la Calle de la cabeza y su particular ilustración que no deja lugar a la imaginación: la cabeza encima de un plato junto a un cuchillo y la cabeza de un carnero ensangrentada.

Ilustración de la Calle de la Cabeza de Madrid.
Ilustración de la Calle de la Cabeza de Madrid.
Wikimedia Commons

Según la leyenda, en el Siglo XVI vivía allí un rico sacerdote con un criado portugués. El sirviente, guiado por sus múltiples deudas, decidió acabar con la vida de su amo, decapitándolo y huyó con su botín. Con el paso del tiempo, el crimen fue quedando en el olvido, ni la cabeza ni el culpable aparecieron.

Años más tarde, el sirviente —convertido en caballero— regresó a Madrid y mientras paseaba por la zona del Rastro decidió comprar una cabeza de carnero para la cena. Tras finalizar su compra, colocó la cabeza bajo su capa y optó por volver a casa. Un alguacil observó las gotas de sangre que el caballero iba dejando a su paso y dio el alto. Ante la pregunta del vigilante, el caballero respondió que se trataba de su cena. Para sorpresa de todos, cuando levantó para mostrar la cabeza del carnero, lo que apareció fue la del sacerdote que había matado. El sirviente fue ahorcado en la Plaza Mayor y la calle pasó a llamarse Calle de la Cabeza.

La plaza del Conde de Miranda

Dice la leyenda negra de la Villa que a mediados del XVIII una vendedora de biblias se hizo enormemente famosa en la zona. Aunque cada ejemplar era extremadamente caro, era difícil encontrar a alguien que no comprara o quisiera comprar uno de estos libros sagrados en la Plaza del Conde de Miranda. 

Fachada del Convento del Corpus Christi o Las Carboneras.
Fachada del Convento del Corpus Christi o Las Carboneras.
Wikimedia Commons

Situado en la misma plaza, se encontraba el Convento del Corpus Christi o Las Carboneras (que todavía existe), dónde dejaban bebés abandonados para que se encargaran las monjas de ellos. 

Se empezó a decir que las biblias estaban forradas con la piel de esos niños que ella misma robaba. La Santa Inquisición la encontró en la plaza del Conde de Miranda y la condenó a muerte.

El Museo Nacional Reina Sofía

Fachada del Museo Reina Sofía de Madrid.
Fachada del Museo Reina Sofía de Madrid.
Wikimedia Commons

Antes de ser museo, el Reina Sofía fue un hospital de tuberculosis, donde cada día había fallecimientos. Muchas personas dejaron su huella aquí hasta que fue cerrado en 1965. Dicen que el edificio está lleno de historias oscuras que involucran muchos cadáveres encontrados durante las obras, sonidos y pasos en las escaleras principales. El fantasma del anciano, con barba larga sentada en un banco en el patio, es uno de los más populares. 

Metro de Madrid

Las calles subterráneas del metro de Madrid tampoco se salvan de la leyenda negra, según la cual, en los años 50, una huérfana descubrió el romance entre un cura y una monja en el metro de Chamberí y para que la niña no pudiera hablar, los amantes aprovecharon una excursión del orfanato para arrojar a la niña a las vías. Desde entonces, la estación quedó maldita y el fantasma de la niña se aparece cuando se acerca la fecha de su muerte.

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