El problema derivado de los entrenamientos que apartó de la cima al 'rey del culturismo' Ronnie Coleman

Ronnie Coleman
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En su día, Ronnie Coleman llegó a estar considerado como el mejor culturista de todos los tiempos, nada menos que 8 veces Mister Olympia (máxima competición de culturismo profesional). No obstante, en 2008 tuvo que retirarse de las tarimas debido a sus crecientes problemas de salud. 

Hoy en día, Coleman necesita una silla de ruedas para moverse la mayor parte del tiempo. Al menos en parte, esta pérdida de movilidad responde a un problema de salud relacionado con los duros entrenamientos a los que se sometía para esculpir su cuerpo (y que incluían realizar sentadillas con 270 kilos a cuestas); las múltiples hernias de disco que padece.

Lesiones a menudo sin síntomas

De hecho, Coleman ha relatado en alguna ocasión que fue en sus años dorados cuando sufrió la primera de estas lesiones, precisamente realizando sentadillas con grandes pesos. En los años siguientes pasó por el quirófano al menos 15 veces por problemas de espalda y cadera, y comenzó a ser tratado con calmantes por sus graves dolores.

La hernia de disco afecta a los 'amortiguadores' de cartílago que se encuentran entre las vértebras. Se produce cuando el núcleo del mismo, de consistencia más bien gelatinosa, sale de su posición normalmente a través de un desgarro en el anillo exterior (de textura más similar a la goma). Tal y como apunta la prestigiosa Clínica Mayo estadounidense, puede producirse en cualquier parte de la espalda, aunque se da con mayor frecuencia en el segmento lumbar de la columna vertebral.

A menudo cursa sin síntomas, y tiende a solucionarse por sí misma. No obstante, en las instancias más graves, provoca signos como dolor lumbar, en las piernas o en los brazos; entumecimiento u hormigueo, cuando interfiere con el funcionamiento de algún nervio; o debilidad en alguna extremidad, según la localización de la lesión.

El problema tiende a solucionarse por sí mismo, simplemente con algo de reposo en la zona y a veces con la ayuda de ciertos medicamentos para mitigar el dolor. Con todo, en los casos más graves, puede ser necesaria una cirugía en la que se extraiga todo o parte del disco. Incluso, algunas personas pueden requerir fusionar ambas vértebras con un injerto de hueso, lo que perjudica la movilidad en la parte afectada de la espalda.

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