Pensemos que llega la noche y ni siquiera podemos dormir. Ahora multipliquemos por mil ese tedio más o menos cotidiano y convirtámoslo en verdadero sufrimiento, en miedo y frustración, en falta de libertad. Por último, imaginemos que no es sólo un día, sino 1.095, uno detrás de otro. Mil noventa y cinco. Tal vez así entendamos –sólo un poco– lo que puedan sentir la que fuera candidata presidencial de Colombia Ingrid Betancourt y su jefa de campaña, Clara Rojas. Ambas fueron secuestradas por las FARC el 23 de febrero de 2002. La semana pasada se cumplieron, por tanto, tres años: 1.095 días.

Y, sin embargo, de forma paralela al drama, aparece, una vez más, una hermosa historia de amor y lealtad hasta las últimas consecuencias. Es la historia de Clara.

Clara acompañaba a Ingrid Betancourt (por entonces un volcán de esperanza en su devastado país, y hoy ya un auténtico símbolo) cuando fueron asaltadas por la guerrilla. Eran las cinco de la tarde y se dirigían a un mitin en San Vicente del Caguán. El objetivo era Ingrid, pero Clara no estaba dispuesta a dejar sola a su compañera y amiga ni a renunciar a los sueños que compartía con ella. Decidió quedarse a su lado, y ahí sigue, 1.097 días después. Siempre en segundo plano ante el comprensible protagonismo de Ingrid en la multitud de actos que durante todo este tiempo han reclamado por todo el mundo su liberación.

La propia Ingrid lo había escrito ya en su libro La rabia en el corazón: «Ella y yo firmamos un pacto moral: hundirnos juntas o nada». No eran sólo palabras.

CLARA ROJAS

-  Única niña en una familia de cinco hijos, nació en Bogotá hace 41 años.

-  Estudió derecho y políticas. Enseñó en la universidad y trabajó como abogada hasta que entró en política, llegando a acceder al Senado. Conoció a Ingrid en 1993.

-  Es soltera y la describen como enérgica y discreta.