¿Cómo definiría a Sandra, su personaje?
Es una chica de barrio, con poca formación, sensible e inquieta. Vive con un tío que la quiere, le da afecto y serenidad. Pero se ve agobiada por la rutina y halagada por la insistencia de Pere Lluc. Se siente casi agradecida de ser espiada día y noche. Eso le va acercando a él hasta que tiene dependencia de su chico.

¿Le costó entender este cambio de pensamiento?
No. Al principio está a la defensiva, pero luego se va suavizando. Es un tío desconocido, pero en el fondo le gusta cómo se mueve y piensa. Se le parece y por eso se entienden. Hablan poco, no se preguntan. Y a mí me gusta eso. No les importa a qué se dedican o quién son. Es una relación mucho más animal, de olerse, tocarse, necesitarse por ahí.

¿Le parece ética su actitud?
Yo no haría las cosas así. Pero si en un momento de tu vida no tienes valentía para afrontarla de otra manera…

¿Se puede llegar a entender el amor obsesivo?
El que refleja el filme es una metáfora de la necesidad, que sí es obsesiva. En un amor así te morirías en vida.

¿El amor puede ser eterno?
Todos los amores nacen con esa vocación. Pensamos que esa historia es la más increíble que hemos vivido hasta ese momento o que será la más importante.

¿Es más doloroso, el desamor o la soledad?
Un poco a la par. El ser humano no está hecho ni para estar solo, ni para no amar, ni para que no le amen. Necesita tocar, que le toquen, sentir emociones.

¿En su vida real se ha colado alguna vez algún idiota?
Hombre... (ríe) alguno ha habido por ahí, insistente. Pero todo el mundo tiene historias mil acerca del amor. A no ser que hayas tenido una vida en pareja desde pequeña.

¿Cómo le gusta romper con la rutina?
Viajando sobre todo. Es lo que más me gusta, más que el cine, más que nada. Esa sensación de salir de España y pirarme por ahí… Me olvido de mi profesión y de todo.

BIO

Nace el 13 de junio de 1969 en Madrid. Ha hecho El abuelo, Fumata blanca e Historias del Kronen. Presenta Versión Española en La 2.