Así lo acordaron ayer sus dos presidentes, Vladimir Putin y George W. Bush, en Bratislava (Eslovaquia); además, coincidieron en que Irán y Corea del Norte no deben tener armas nucleares. Moscú y Washington cooperarán para aumentar la seguridad de las instalaciones nucleares y desarrollar uranio ligeramente enriquecido para su uso en reactores de terceros países que lo emplean. También intentarán que el uranio altamente enriquecido procedente de los EE UU o Rusia  que ya se haya consumido en esos países sea devuelto, para evitar su empleo militar.

Los responsables de Exteriores de ambos países, Condoleezza Rice y Sergei Ivanov, firmaron otro acuerdo para intercambiar información sobre el comercio de misiles antiaéreos y la destrucción de las armas obsoletas.

Tras desmembrarse la URSS, la crisis económica en sus ex repúblicas dejó su potencial nuclear, en muchos casos, desatendido y a merced del mercado negro.