Mas y Duran, que aseguran haber intentado "hasta el último minuto" evitar recurrir a las demandas judiciales por injurias y calumnias, han asegurado que no pretenden "judicializar" la vida política catalana y han apuntado que entre los socialistas hay "gente que no ve claro el resultado de este debate", cuyo "único responsable es Maragall".

Sin embargo, ambos dejan la puerta abierta a retirar las demandas si el president de la Generalitat "rectifica públicamente".

Crisis política en Cataluña

La política catalana vive momentos de gran tensión después de que el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, acusara el jueves a CiU de haber cobrado comisiones de las constructoras a las que adjudicaba las obras del Carmel y rectificó su acusación inmediatamente después de que el líder de CiU, Artur Mas, le advirtiera que de no retirar sus palabras habría "enviado la legislatura a hacer puñetas", recordando la necesidad de los votos de CiU para aprobar el Estatut.

El presidente del PP catalán, Josep Piqué, exigió el viernes la dimisión de Pasqual Maragall por sus acusaciones y auguró "muy mal" futuro al Estatut, al tiempo que consideró "imprescindible" que la Fiscalía actúe tras los comentarios de Maragall. Maragall le contestó que sus relaciones se habían terminado "para siempre" a través de una llamada de teléfono.

Esa jornada el Parlament aprobó la creación de una comisión parlamentaria de investigación para analizar lo sucedido en el Carmel, así como las "condiciones actuales de adjudicación, financiación y gestión de la obra pública" entre 1999 y 2005, es decir, que incluirá el último mandato de CiU.

Las fuerzas del tripartito también sacaron adelante en el pleno monográfico sobre el Carmel  la creación de una Oficina Antifraude dentro de la administración de la Generalitat que, según explica la iniciativa, dependerá del conseller en cap y que "actuará con plena independencia y plenos poderes para la investigación y control del fraude y cualquier actividad ilegal o conducta fraudulenta".

Reproches y acusaciones
El jueves, tras un intercambio de reproches en el que hubo hasta cuatro réplicas y contrarréplicas, Maragall acabó proclamando que el problema de CiU es el 3%, refiriéndose así al supuesto cobro de comisiones por parte de la administración por la adjudicación de obras.

Para Mas, la reacción del presidente de la Generalitat evidenciaba que ha perdido los papeles y le recordó la necesidad de la existencia de un círculo de confianza, que no de amistad, entre PSC y CiU para aprobar el Estatut.

"Si se rompe ese círculo está enviando la legislatura a hacer puñetas", advirtió, lo que hizo rectificar rápidamente a Maragall, quien accedió a retirar sus palabras y manifestó su confianza en que tanto Mas como CiU estén en condiciones de cumplir su obligación a la hora de abordar la reforma del Estatut.

El enfrentamiento entre Maragall y Mas en el Parlament reeditó el debate de la moción de censura que en la pasada legislatura presentó el PSC contra el presidente Jordi Pujol y que Mas, en su condición de 'conseller en cap' se encargó de responder en su integridad.

La insistencia de Mas, que asumió parte del tiempo de la intervención de CiU en el debate, en que Maragall diera la cara fue primero rebatida por el conseller de Política Territorial y Obras Públicas, Joaquim Nadal, quien intentó eludir el reto de Mas recordando que también Pujol permaneció en silencio durante aquella moción de censura y acusó a Mas de cinismo, indignidad y de buscar responsabilidades políticas donde no están.

Mas dio por hecho que Nadal no será cesado porque es una pieza demasiado importante del Gobierno tripartito, que haría aguas si cayera. 

Pese a todo, Mas logró que Maragall acabara tomando la palabra para proclamar que Pujol se equivocó al no contestar aquella moción de censura y se equivocó escogiendo a Mas como candidato. Maragall reiteró que CiU tiene alguna cosa que esconder y la historia lo juzgará y acusó a Mas de haber roto la regla del respeto entre diputados y al presidente de la Generalitat.

Antes, el conseller de Obras Públicas, Joaquim Nadal, había anunciado que aceptaba la dimisión del director general de Puertos y Transportes de la Generalitat, Jordi Juliá, y del presidente de GISA, Ramon Serra, empresa pública supervisora de las obras del metro del Carmel, pese a que "no les tocaría".

Nadal hizo este anuncio durante su comparecencia en el Parlament de Cataluña con motivo del pleno monográfico dedicado a las consecuencias del hundimiento de tierras en las obras de la línea 5 de metro en el Carmel.

Antes de anunciar estas dimisiones, el conseller ha recordado las palabras de ayer del presidente catalán, Pasqual Maragall, sobre que "pagarán justos por pecadores" sobre este suceso, al asegurar que a ambos "no les tocaría" dimitir, y ha precisado que, en el caso de Juliá, "sólo ha firmado dos autorizaciones" relacionadas con este proyecto.

Por su parte, los vecinos y comerciantes del Carmel piden a los políticos que dejen de sacar sus trapos sucios y que actúen.