De telonera de café a las mil y una noches
Maharajá: Rajá significa, en sánscrito, «quien gobierna» y «quien ha de complacer». A los príncipes muy venerados se añadía el prefijo mahá, que quiere decir «grande».Rajá significa, en sánscrito, «quien gobierna» y «quien ha de complacer». A los príncipes muy venerados se añadía el prefijo mahá, que quiere decir «grande». Foto
Exótica en un mundo de ensueño. Así fue la vida de Anita Delgado, una malagueña de origen humilde que llegó a ser maharaní (princesa) de Kapurthala, en la India. Telonera del madrileño Café Kursal, a los 16 años encandiló con su belleza al maharajá Jagatjit Singh, un hombre riquísimo que casi le doblaba la edad y que había acudido a la capital para la boda de Alfonso XIII.

Recibida como una princesa, todo hacía presagiar que su vida sería un cuento de hadas, pero no fue así. Javier Moro destapa los puntos oscuros de esta historia en Pasión India (Seix Barral).

«Ella se esforzó por dar una imagen idílica, digna de una revista del corazón», asegura el autor, que descubrió en la India que Anita se casó embarazada y tuvo un affaire con uno de sus hijastros. Odiada e idolatrada con la misma intensidad, la princesa superó el menosprecio de la familia de su marido y las críticas de la rígida sociedad inglesa gracias a su carácter. «Era dura y valiente. Una superviviente que tenía la inteligencia de la calle», explica Moro, que también la marca como «precedente de Letizia Ortiz, Noor de Jordania y Lady Di».

Graciosa y gastona, Delgado se saltaba el protocolo cuando le apetecía. Le preguntó a un príncipe musulmán por qué no comía cerdo o bebía champán. «¡Con lo bueno que está!», dijo. Nunca renunció a sus raíces y aficionó a su hijo, el único que tuvo con el maharajá, a los huevos fritos y la chistorra.

El poder del ‘Kamasutra’

Las mujeres, los coches, los deportes y las joyas eran las grandes pasiones de los maharajás. Educados desde niños en las enseñanzas del Kamasutra, eran grandes amantes. «Sacaban el máximo partido al amor, querían disfrutar y dar todo el placer posible», asegura Javier Moro. 

Llenos de excentricidades

Camiones de basura:  Un maharajá se sintió mal tratado en un concesionario de Rolls Royce inglés. Convirtió su flota de coches de esta marca en camiones de basura.

Maharajá de Gwalior: Vivía rodeado de tanto lujo que al ver Buckingham dijo «vaya cutrez».

Bebés-cebo: Un príncipe usaba, en las cacerías, bebés como cebo. Cuando le acusaron de ello se excusó: «No he fallado ningún tigre». Era cierto.