Los cigarrillos electrónicos
El humo es en realidad vapor de agua, y lo que parece estar encendido es una luz que funciona con baterías; cuando el fumador inhala, el aparato libera nicotina. ARCHIVO

Los denominados cigarrillos electrónicos son dispositivos con forma de cigarrillo a batería que expulsan nicotina cuando son inhalados y buscan emular la experiencia de fumar. No emiten humo, sino que atomizan una sustancia que puede contener nicotina o sólo esencias, como menta, vainilla o manzana, emitiendo vapor similar en apariencia al humo del cigarro. Cuestan en torno a los 50 euros y necesitan recargas que cuestan entre 6 y 8 euros,

Comercializados como 'Cigtronic', 'Cigarclean' o 'E-cigarette', se anuncian con frecuencia como un método que ayuda a dejar de fumar o una ayuda para que los fumadores eviten tener que encender un cigarro en sitios donde está prohibido.

Desde su mismo nacimiento (existen en forma de prototipos desde 2003) trajeron la polémica. Ya entonces  se cuestionaba la seguridad del producto, argumentando que los fumadores inhalan en promedio más nicotina que con un cigarrillo real, algo que sus responsables niegan.

Desde hace unos meses se venden en farmacias, grandes almacenes y por Internet como un nuevo método para dejar de fumar, pero según denuncia la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) son "de dudosa eficacia" para abandonar este hábito.

"No se ha demostrado que los cigarrillos electrónicos ayuden a dejar el hábito del tabaco". "Los cigarrillos electrónicos no son para dejar de fumar, a pesar de lo que afirmen quienes los venden.

Productos no sanitarios

Estos productos se definen a sí mismos como productos no sanitarios, las agencias reguladoras no se manifiestan en contra, mientras no se atribuyan propiedades específicas de productos sanitarios o medicamentos. No obstante, a juicio de la OCU, "es importante que se regule el uso de estos dispositivos en espacios públicos" porque dan mal ejemplo a los jóvenes.

"Desde la OCU apoyamos la petición de nofumadores.org en relación a estos dispositivos, en la línea que su uso fuera incluido explícitamente en las prohibiciones contempladas por la ley, para evitar perjuicios a los no fumadores, evitar ambigüedades y acabar con la imagen del tabaco asociada a actos sociales", concluyeron.

La agencia del medicamento de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) analizó recientemente varias de las marcas más vendidas de estos cigarrillos y descubrió "sustancias tóxicas en uno de ellos, más nicotina de la que declaraban en otros, y en gran parte compuestos cancerígenos como nitrosaminas".

En algunas páginas se anuncian como dispositivos recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para dejar de fumar, pero la propia OMS publicó una nota desmintiéndolo.

Primera alerta en 2008

De hecho ya en septiembre de 2008 la OMS alertó contra el uso del cigarrillo electrónico, que podría no ser seguro.

"Los cigarrillos electrónicos están compuestos por un tubo de metal con una cámara que contiene nicotina líquida en un cartucho recargable. Los fumadores dan caladas pero no lo encienden, lo que lleva a muchos a usarlo para evitar las prohibiciones de fumar en los espacios públicos. Sin embargo, el usuario inhala nicotina "junto con otros muchos compuestos tóxicos de los que no estamos seguros", dijo Douglas Bettcher, director interino de la Iniciativa Sin Tabaco de la OMS.

"La Organización Mundial de la Salud sabe que no hay evidencia científica hasta ahora que confirme que el cigarrillo electrónico sea un dispositivo seguro y eficaz para dejar de fumar", dijo Bettcher. "Aún no se han hecho las pruebas toxicológicas y los exámenes clínicos sobre este producto".

El cigarrillo electrónico aún tiene que ser reconocido como una terapia legítima como el chicle, los parches o las pastillas de nicotina que ayudan a los fumadores a superar su adicción a la nicotina, dijo el organismo de la ONU.