Después de tantos años la conocí. Cuando comenzó esta historia yo tenía 22 años y ella, creo que dos más. Alguien me dio su correo porque ella vivía lejos, empezamos a chatear, no compulsivamente, sino cada semana, a veces cada mes. Siempre me decía que fuera a su ciudad cerca del mar, pero yo pasaba el verano en la mía, con las chicas que podía conocer y eran más alcanzables, hasta que este último verano empezamos a hablar por teléfono, por móvil, chat, era estar conectado casi todo el día con ella. Parecía que esta vez sí la conocería, entonces me vino esa mezcla de aventura y ansiedad, de miedo al rechazo, y también de desearla como le había dicho tantas veces.

Ella quiso tener sólo un buen fin de semana y yo tenerla para más que eso

Antes de viajar ya habíamos llenado nuestras mentes de frases explícitamente sexuales. Así que lo que quedaba era viajar y si me salía esta jugada, pues a disfrutarla. Viajé 8 horas en bus, quedamos en que me esperaría en la terminal e iríamos a buscar un hotel para pasar esos tres días que planeé tanto. Entonces la vi, fuera en la calle buscándome. Encendí la videocámara, tenía que registrar el momento (dos años de puro chateo y conversación, algo tenía que registrar, ¿no?). Avancé por detrás y la llamé al móvil, ella contestó, me dijo que no me veía, le dije: “Mira atrás”.  Y la empecé a grabar, y ella no pudo más que venir y darme un abrazo, me hizo bajar la cámara. Aquel momento resultó, si no perfecto, sí divertido.

Hacía un calor horrible, fuimos al hotel. Le dije que me esperara mientras me bañaba, y todo lo que había planeado decirle, se me olvidó cuando se acercó y me dio un beso, suave y largo. Eso definitivamente cambió los planes, me sentí liberado. Conversamos e hicimos el amor después de media hora. Lo sé, era muy rápido todo eso, no estoy acostumbrado a esto, pero me estaba pasando y tenía que estar a la altura. Todo el día lo pasamos encerrados, haciéndolo, me parecieron muy lindas sus maneras de hacerlo, cariñosa al hablar, perfecta para emitir esos gemidos que me excitaban cuando los oía.

Así pasamos dos días, entre la playa y el hotel. Todo maravilloso, luego vino la despedida, la promesa de devolver la visita, y pasó una semana. Me dijo que lo que pasó fue muy bonito, y que me quería pero que mejor lo dejáramos como estaba, que no quería nada más. Ahora, aún sigo leyendo esos viejos sms, los correos,  pienso que la cagué. Ella quiso tener solo un buen fin de semana y yo tenerla para más que eso. No coincidimos, me duele, pero este verano dudo que vaya de nuevo.