Segóbriga, tesoros romanos en tierras de Cuenca

Parque Arqueológico de Segóbriga
Segóbriga, en el cerro de Cabeza del Griego, en Saelices (Cuenca).
DIPUTACIÓN DE CUENCA

Si pensamos en la huella que el Imperio Romano dejó en la Península Ibérica nos vienen a la mente los casos de Mérida, Tarragona o del Acueducto de Segovia. Pero hay tesoros romanos en España mucho menos conocidos. Entre ellos está, en la provincia de Cuenca, la ciudad, (los restos de lo que fue) de Segóbriga.

Se trata de una ciudad romana situada en el cerro de Cabeza del Griego en el término municipal de Saelices. Pese a que la ciudad se encuentra en ruinas, su estado de conservación es más que aceptable, en comparación con otros restos romanos ubicados por la península.

Parque Arqueológico Segóbriga
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Buena parte del desarrollo de Segóbriga se debió a la minería. Plinio se refiere a la riqueza de sus minas de lapis specularis, el yeso cristalizado que serviría como cristal de ventana para las viviendas modestas y que permitía decorar estancias en celebraciones y días señalados. La vida de la ciudad y sus transformaciones tuvieron mucho que ver con el rendimiento de estas explotaciones.

Su estado de conservación es más que aceptable, en comparación con otros restos romanos de la península

Visitar lo que queda de Segóbriga da una idea de cómo se desarrollaba la vida cotidiana en una ciudad de la antigüedad. Llegó a albergar un teatro, un anfiteatro, unas grandes termas públicas, una basílica, templos, mercados, etc, hasta convertirse en el más importante centro urbano de la Meseta meridional.

Segóbriga
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El anfiteatro de Segóbriga era el mayor edificio de los que se construyeron en la ciudad. Construido entre el siglo I y II d. c., tenía capacidad para acoger a 5.500 espectadores aproximadamente. Su longitud era de 75 metros de largo y la arena medía 40 x 34 m, la arena limitaba con las gradas mediante un podium.

Su anfiteatro, de 75 metros de largo, podía acoger a 5.500 espectadores

El edificio estaba destinado a las luchas entre gladiadores, entre fieras o entre hombres y fieras, las denominadas venationes. Su buena conservación, parcialmente mitigada por el expolio de algunas piezas, se debe a que durante siglos los restos fueron utilizados como granero y corral para animales.

Segóbriga comenzó a languidecer durante la Edad Media y a partir del siglo XVI ya hay evidencias que el solar que ocupó la ciudad estaba definitivamente vacío. Ya en tiempos modernos, puesto en valor todo su tesoro, Castilla-La Mancha declaró el yacimiento Parque Arqueológico en 2002.

Segóbriga
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