Orgía de rock and roll en Vitoria

Durante tres benditos días, un lugar tan inusualmente rockero como España se convirtió en el epicentro de la música de guitarras más bella e imponente. Del jueves al sábado de la semana pasada, y al igual que viene ocurriendo desde 2002, el Azkena Rock Festival, celebrado en Vitoria, deleitó a todos los asistentes con un memorable aluvión de exhibiciones de Rock n' Roll con mayúsculas y con nervio.
Juliettte Lewis durante su actuación en el Azkena
Juliettte Lewis durante su actuación en el Azkena

Si en los años anteriores la garra de Steve Earle, la exquisita melancolía de The Jayhawks, la visceralidad de ese monstruo escénico llamado Iggy Pop con sus The Stooges, el demoledor poderío de Mother Superior o la hermosa tristeza que encierran las canciones de Screamin' Cheetah Wheelies elevaron al cielo a sus incondicionales, este año la organización, tras una dura serie de negociaciones, consiguió diseñar otro cartel apabullante, en el que nombres como Social Distortion o Drive-By Truckers, entre muchos otros, ya eran suficientes reclamos para que los rockeros con buen paladar se sintieran abrumados ante lo que se les venía encima.

Pues bien, para ir calentando motores, la interesante jornada de presentación del jueves dejó un buen puñado de momentos para el recuerdo. El grupo vasco The Soulbreaker Company, encargado de abrir fuego, destacó por encima del resto con un repertorio que desbordó fuerza, frescura y elogiables guiños a colosos como Mike Farris o The Black Crowes. Por lo demás, y subrayando el sopor en el que sumió Wilco a la audiencia en muchos instantes de su show y la ligera decepción de The Steepwater Band, una robusta banda con tintes de rock sureño mucho más eficaz en estudio que en directo, cabe mencionar la improvisada jam session que ofrecieron, al final de la velada, varios músicos de las bandas anteriores y que tuvo como momento álgido una muy digna revisión de un imperecedero clásico de Neil Young (Cortez The Killer) y la aparición en escena de dos componentes que, al día siguiente, presentarían en sociedad por primera vez en España a la mejor banda actual de rock americano del mundo: Jason Isbell y Patterson Hood, de Drive-By Truckers.

Y después del estimulante aperitivo del jueves, Vitoria amaneció el viernes preparándose para una jornada cuyo cartel cortaba la respiración. Hard rock de corte angelino, country, punk, stoner, blues... la amalgama de estilos que se fundía ese día era exuberante, y además en la mayoría de los casos representados por verdaderos iconos de esos sonidos, por lo que las emociones fuertes parecían aseguradas. Nadie salió defraudado.

En la tanda de actuaciones vespertinas, los irreverentes Towers Of London, con su esquizoide combinación de decadente rock sleazy e histérico punk, destacaron especialmente y ofrecieron un show bastante notable. Masters Of Reality, capitaneados por el afamado productor de Kyuss, Chris Goss, obsequiaron a sus fans con una actuación simplemente correcta, en la que se entremezclaron interpretaciones entusiastas con momentos de abulia generalizada. A destacar el sonido de su directo, que fue limpísimo y muy potente.... algo de lo que, por desgracia, no pudieron presumir los técnicos de sonido encargados del gran plato fuerte del día y del festival para el autor de estas líneas: el concierto de Drive-By Truckers. Porque... bueno, si Mike Cooley,Patterson Hood, Jason Isbell, Brad Morgan y Shonna Tucker hubieran disfrutado de la calidad sonora que exhibió esta banda el año pasado en la gira americana de presentación de su excepcional The Dirty South, y recogida en un DVD antológico, Vitoria se hubiera venido abajo. Aún así, y pese a este crucial contratiempo, estos músicos demostraron que están un peldaño por encima del resto hoy en día, y sólo Social Distortion parecen capacitados para seguir su estela.

De la obsesiva Lookout Montain con la que iniciaron el espectáculo, pasando por una Ronnie And Neil que desbordó pasión y llegando a dos de las canciones más emotivas de la década (Outfit, Decoration Day), interpretadas por Jason Isbell, quizá el más inspirado en el show de los cinco, Drive-By Truckers, sin llegar a igualar la proeza de sus conciertos estadounidenses, firmaron la actuación más hermosa e intensa de la jornada. Porque ni Gov't Mule, una fantástica banda que combina rock con blues muy elegantemente pero que a día de hoy ofrece menos energía de la deseable en un escenario, ni Deep Purple, formación que marcó a fuego el rock en los 70's pero que treinta años después suena tan digna y honesta como oxidada, aunque bastante mejor de lo que algunos se esperaban, alcanzaron el nivel de los anteriores con sus conciertos.

En cambio, obviamente, Social Distortion sí que estuvo a la altura de las circunstancias y devolvió el precio del abono con un show en el que la simple presencia, actitud, chulería, sensibilidad y carisma de Mike Ness, el frontman más rompedor del momento, sirvieron para provocar el delirio entre los seguidores. Impagables sus interpretaciones de Don't Take Me For Granted y Story Of My Life, excepcional su ejecución de una versión de Johnny Cash (Ring Of Fire), admirable el fanatismo que se respiraba entre el público, muy reivindicable el acto de un fan que le mostró con orgullo una potente camiseta de Guns N' Roses intentando convencerle de la grandeza de esa banda, fantástica su ególatra reacción al pedirle la camiseta y tirarla con desprecio al lado de la batería.... en fin, una encantadora orgía de Rock and Roll.

Quizá podía haber escogido mejor repertorio (imperdonable dejarse en el tintero Dear Lover, Making Believe, Footprints On My Ceiling o Angel's Wings!!) y quizá Dennis Dannell y el desaparecido Chuck Biscuits han dejado un hueco irreemplazable en esa banda, pero lo cierto es que todos salimos de allí conscientes de que mientras este individuo siga haciendo música de esta forma, los detractores del buen punk y del buen rock de raíces tendrán que seguir tragando mecha.

¿The Dwarves? Bien, eso no fue exactamente buen punk, pero al menos el grupo encargado de cerrar esta jornada ofreció la presencia escénica más alucinógena de todo el festival, y lo cierto es que su actuación fue divertida.

Mención especial a uno de los componentes, con una máscara de lucha libre cubriéndole el rostro y con su miembro viril al aire, y a otro, con un cachondísimo look de tenista a lo Arancha Sánchez Vicario. Lamentablemente, y ya centrándonos en el sábado, la primera parte de actuaciones de la jornada no ofreció este frenesí, y la verdad es que fue bastante irregular.

Brant Bjork (ex de Kyuss) brindó el concierto más contundente de la tarde, con unas dosis de sudoroso stoner-rock que se agradecieron, y Juliette Lewis, pese a tener cierto carisma escénico, demostró que es mucho más habilidosa poniendo calientes a tipos como Quentin Tarantino o Robert de Niro en sus películas que escribiendo canciones.

Lo de Television, que tocó a última hora de la tarde, fue especialmente deplorable, e incluso tuvieron la sorprendente capacidad de, sobre el escenario, extremar la frialdad y languidez que caracterizan a la mayoría de sus canciones. Como dato gracioso, destacar que un par de asistentes que presenciaron eso, y que a buen seguro contaban ya los minutos para que salieran a escena The Pogues y comenzar a bailar como condenados, se encargaron de amenizar el espectáculo mostrando al cielo de Vitoria cromos de futbolistas, sus DNI's, sus tarjetas de crédito e intentando ponerse un preservativo en la cabeza, lo cual al menos hizo más llevadera la espera.

Y bien, después de que Bad Religion hicieran perder el sentido a sus incondicionales con su monotemático discurso punk, los deliciosos The Pogues saltaron a la palestra, se descolgaron con su habitual mezcla subyugante de rock y folk irlandés y, por supuesto, marcaron diferencias. Qué grupo más entrañable y especial.... fue todo un placer ver a ese borrachín llamado Shane MacGowan sirviéndose cubatas entre canción y canción, andando encorvado debido a su precaria salud y a su tremenda embriaguez, emocionando hasta a las piedras del recinto de la acampada con su majestuosa Rainy Night In Soho y desatando el delirio con la trepidante Fiesta.

Y para concluir la jornada y el festival, nada más y nada menos que los atronadores Queens Of The Stone Age y Monster Magnet se preparaban para enseñar sus fauces. Y... en fin, no sólo estuvieron a la altura de las circunstancias, sino que desbordaron las expectativas de todos los fans, especialmente los primeros, quienes firmaron la actuación más explosiva y memorable de todo el festival.

Mark Lanegan y Nick Oliveri no fueron de la partida por diferentes razones (el ex cantante de Screaming Trees por una sobredosis que casi le provoca un ataque al corazón y el ex bajista de Kyuss porque es miembro actual de The Dwarves y sigue enemistado con Josh Homme), pero, increíblemente, Homme y compañía se destaparon con un show tan demoledor que muchos olvidamos esas irritantes ausencias. A destacar la especial predilección que exhibió la banda por Rated R, sin duda su disco más redondo, y la apabullante labor de un batería que parece una ametralladora humana y que atiende al nombre de Joey Castillo.

Tras esta exhibición de talento y músculo, y como broche al festival, Monster Magnet ejecutaron otro apoteósico concierto de rock. Para desgracia de los fans más partidarios de su faceta psicodélica e instrumental, lo cierto es que Dave Wyndorf y los suyos dejaron un poco de lado los enfermizos desarrollos de guitarras con que se descuelgan en muchos de sus shows y decidieron ir al grano... y bien, dieron en la diana, ya que himnos del Powertrip, su obra maestra, como Space Lord o Powertrip se combinaron con los temas más incisivos de su última obra (Monolythic Baby) y, considerando que su líder parece haber hecho un pacto con Satanás y mantiene exactamente la misma voz y la misma fogosidad escénica disco tras disco, el resultado fue incendiario.

La guinda fue inmejorable.... y la espera que se nos avecina de otro año para poder sucumbir nuevamente al poderío y la clase de un cartel semejante, esperemos que lo más llevadera posible. Ahora, a seguir deleitándonos con el recuerdo de lo que hemos presenciado y a cruzar los dedos para que la organización comience a mover hilos y a llamar a la puerta de fuerzas de la naturaleza como Tom Waits, Lucinda Williams, John Hiatt, Tom Petty, Chris Isaak, Buckcherry o The Darkness para la edición de 2006.

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