La pena y la condena de ser un best seller

Enrique Bustamante, junto a su madre, invita al lector a descubrir la importancia de la vida.
Enrique Bustamante, junto a su madre, invita al lector a descubrir la importancia de la vida.
PAQUET/EFE

Se los han llevado a casi todos. Yo sigo aquí porque nadie me ve, perdido en este estante tan alto y tan lleno de polvo. A veces, cuando me da por recordar mis días de gloria, me pongo triste, pero no por ese pasado exitoso y este presente lleno de olvido, sino porque ya no queda nadie cerca a quien contárselo, con quien compartirlo. Eso es al final lo mejor, más que cuando estás imbuido en la ola del éxito y la fama y todos quieren tenerte en sus casas y regalarte y decir tu nombre y escribir textos largos y alambicados sobre ti.

Lo mejor es cuando lo esperas y después, cuando lo recuerdas, ya calmado, tranquilo, orgulloso de haber conquistado el sueño, aunque toque volver a la estantería y al polvo.

Se los han llevado a casi todos, y han dejado a uno flaquito, tiene 125 páginas, no muy bien encuadernado, pero muy digno. Su nombre (Hablando con un ángel) es precioso y lo que contiene también. Toda una historia. Pero a él no puedo hablarle de todos mis triunfos pasados.

Desde que ha llegado no me ha dicho nada, parece muy tímido y un poco dolido. Quizá se deba a que apenas ha tenido repercusión y fue muy costoso crearlo. Lo que sí me gustaría es decirle que esté tranquilo y orgulloso, que a él no le pasará lo que a mí. Yo sólo soy un best seller. Pero él no, él quedará en la memoria de quienes lo lean. Él habla de las cosas que importan porque quien lo escribió tenía algo importante que contar. Le diría todo esto y mucho más.

Lo haría, sólo que a mí no me dieron las palabras que se requieren para decir este tipo de cosas. Tengo otras, pero no ésas. La pena y la condena de no ser más que un best seller.

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