Minibar
El minibar de un hotel español de 5 estrellas. FLICKR/Uggboy-Ugggirl

El minibar es un clásico de nuestro paso por un hotel, para bien y para mal. Se agradece llegar a nuestra habitación y poder refrescarse sin salir de ella. Se agradecen menos los precios: el minibar suele ser caro. Tampoco gusta tanto a los propios hoteles.

El minibar genera pocos ingresos al hotel y, sin embargo, muchos problemas. Después de todo siempre hay clientes dispuestos a aprovecharse de la buena voluntad del hotel, amparados en ese "que nadie nos ve". Afortunadamente, la práctica de rellenar las botellitas de ginebra o whisky con agua y orina, respectivamente, casi ha desaparecido; pero no esa otra de rellenar la botella de agua mineral en el grifo del baño.

El primer establecimiento que incorporó el minibar en sus habitaciones fue el Hotel Madison de Washington, en EE UU, en 1963. En sus orígenes, este servicio fue considerado un lujo al servicio de los alojamientos más exclusivos y sólo contenía alimentos.

Posteriormente, en los años 70, se incorporaron las bebidas alcohólicas, siendo el primero en sumarse a esta moda el Hong Kong Hilton. Desde entonces, las posibilidades del minibar son muy variadas e incluyen propuestas gastronómicas como batidos, refrescos, combinados, chocolatinas, frutos secos, snacks o sándwiches.

El minibar existe por ley. La normativa que rige en los hoteles de cuatro y cinco estrellas exige que en cada habitación haya un minibar. Sin embargo, para muchos establecimientos este servicio no aporta grandes ingresos, sino que, al contrario, genera numerosos gastos adicionales. Según explican desde Hoteles Center, este servicio requiere, además de la inversión en el minibar, su mantenimiento y el tiempo invertido por parte del personal para la comprobación diaria de los productos.

Los conflictos vienen a la hora de pagar

Además, son muchos los trucos que emplean los clientes para escaquearse a la hora de pagar los productos consumidos del minibar. Los más comunes, ya hemos contado, pasan por rellenar las botellas y especialmente por negar el consumo de bebidas o alimentos al hacer el check out. Para evitarlos, muchas cadenas hoteleras ya emplean un sensor de movimiento que permite contabilizar las veces que se abre la puerta del frigorífico para monitorizar así el consumo.

El 80% de los hoteleros reconoce que han tenido huéspedes que han intentado usar el minibar sin abonar la factura, según un estudio realizado por Lastminute hace cinco años. No obstante, sólo el 10% afirma que se trata de una práctica "muy común" entre sus clientes.

Pese a que en un principio poder tomarse una bebida alcohólica en la habitación era un valor añadido, ahora es mucho más demandado poder disfrutar de cafés e infusiones gracias a las cafeteras y calentadores de agua que se instalan en muchas habitaciones de hotel.

El minibar es zona de conflicto, pero las toallas siguen siendo el clásico entre los objetos que algunos clientes roban de los hoteles. Claro que la picaresca también evoluciona. Ahora la "estrella" es la amenaza de escribir un comentario negativo en las redes sociales, todo para conseguir un descuento en la estancia.