Un padre y su hija
Un padre y su bebé jugando. GTRES

Que tendamos a poner voces agudas cuando nos dirigimos a un bebé, puede tener como explicación que nos adaptamos inconscientemente a aquellos tonos por los que ellos muestran predilección,  unos sonidos que les pueden motivar para desarrollar sus propias habilidades de habla.

Según un estudio publicado en la revista especializada Journal of the Acoustical Society of America, los niños de 7 meses, la edad en la que los bebés están a punto de balbucear, tienen una clara preferencia por los sonidos del habla que se parecen a las de ellos en términos de combinación de tono alto y resonancia.

Pero es más, puestos a elegir entre sonidos emitidos por otros niños pequeños y aquellos producidos por mujeres imitando el habla infantil, los bebés prefieren escuchar las voces de otros infantes de su misma edad que la de los adultos

En el experimento de la Universidad McGill en Montreal (Canadá), los recién nacidos de 5 meses pasaron un 40% más de tiempo escuchando sonidos de bebés que las vocalizaciones adultas imitando los mismos tonos.

"La preferencia por el habla infantil parece tener un impacto amplio e importante, que influye en los aspectos receptivos, expresivos y motivacionales del desarrollo del habla en los pequeños", señaló Linda Polka, profesora de la universidad canadiense.

Usando un sintetizador que simula los movimientos de la boca, la lengua, las cuerdas vocales y otras partes involucradas en la generación del habla, la profesora de lingüística en la Universidad de Quebec y experta en producción de habla, Lucie Ménard, pudo crear sonidos vocálicos como los que provienen de la boca humana a cualquier edad.

Para evaluar cómo responden los bebés a los sonidos pronunciados por diferentes hablantes, sentaron a los bebés frente a una pantalla que mostraba un patrón de tablero de damas. Los pequeños podían activar o desactivar un sonido mirando o alejándose del propio tablero.

Después de determinar que los bebés prefieren las voces que suenan como las suyas, en comparación con las simulaciones de las mujeres adultas, el equipo se centró en diferentes dimensiones de cada sonido.

"Las vocalizaciones de los bebés son bastante potentes: el habla infantil parece capturar y mantener la atención infantil, a veces provocando emociones positivas. Esto puede motivar a los bebés a ser activos y evaluar sus propias vocalizaciones, apoyando el desarrollo del lenguaje hablado", indicó Polka, autora principal de la investigación.