Anciano en silla de ruedas
Anciano en silla de ruedas EUROPA PRESS

En España, más de 1,5 millones de mayores son frágiles, es decir, vulnerables a sufrir accidentes y caídas, según un estudio europeo sobre geriatría y fragilidad liderado por el Hospital de Getafe que busca evitar el deterioro funcional de una población cada vez más longeva.

El estudio Frailclinic, realizado con 1.500 pacientes de Italia, España y el Reino Unido, tiene en cuenta a las personas de 65 años o más, que en nuestro país son cerca de ocho millones y medio, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Esto supone "un aumento importante del consumo de recursos sanitarios".

La fragilidad es actualmente "un importante reto de salud pública", tanto en España como en la UE, donde se estima que entre un 7 y 12% de los mayores de 65 años son vulnerables a sufrir accidentes. En España, de acuerdo con los datos preliminares del estudio, cerca del 18% de los mayores estarían en esta situación. 

"La manera más eficaz es trabajar sobre la fragilidad: manejándola se evita la discapacidad. Los ancianos que se caen son tres veces más frágiles que los demás. Las consecuencias son la mortalidad, la discapacidad, mayor tasa de hospitalización, de incapacitación permanente y mayor uso de recursos sanitarios", según Leocadio Rodríguez, jefe de Geriatría del Hospital de Getafe.

"Eso es prevenible. Si se detecta, en un 30-40% de los casos se puede revertir. La fragilidad tiene un coste añadido de entre 4.000 y 5.000 euros anuales. El 70% del trabajo que realiza el sistema sanitario lo hace con personas mayores", según el coordinador del estudio conjunto.

¿Cómo prevenirlo?

"Lo primero es promover un estilo de vida saludable, con actividad física y una alimentación sana. Cuando llegan al hospital, la mitad son frágiles. Entonces hay que disponer de un servicio especializado", recomienda.

La fragilidad es "una situación de especial vulnerabilidad a agentes estresantes de baja intensidad. Por ejemplo, un anciano que está estupendo y un día coge una gripe y acaba en una silla de ruedas. Se mantenía bien pero no tenía ninguna reserva funcional. En cuanto aparece una pequeña infección, se desmorona", afirma.

"Es importante identificar a esta población "prefrágil" antes que se derrumbe. Eso tiene dos beneficios: uno para la propia persona y también para el sistema de salud. Una persona con discapacidad consume cinco veces más recursos sanitarios que otra de la misma edad sin discapacidad. Lo caro no es el envejecimiento, sino la discapacidad" consiguiente, concluyó.