Un tercio de la producción mundial de alimentos acaba en la basura. Un dato de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) que sirve para hacerse una idea de la magnitud de un problema que, por fin, empieza a entrar en las agendas políticas de algunos países y a ocupar titulares en los medios de comunicación.

Quienes necesiten un dato más cercano para situarse, ahí va: en España se calcula que cada familia desperdicia más de un kilo de comida a la semana, según datos de 2016 del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Y aunque es verdad que gran parte del problema está en la cadena de producción y en la gran distribución, no se puede negar la responsabilidad del consumidor final en esta auténtica lacra.

De todo esto hablamos esta semana en Torres en la Cocina, el programa de Televisión Española en el que de vez en cuando nos colamos para hablar de tendencias gastronómicas y de cosas tan serias e importantes como el desperdicio de alimentos.

Caducidad y fecha preferente

¿Y qué se puede hacer en casa para conseguir que la comida no vaya a la basura? En realidad, no tiene ningún misterio: sentido común a la hora de hacer la compra, un buen surtido de tápers para tirar de congelador cuando sobra comida -de hecho cocinar alguna ración de más y guardarla es siempre una buena idea-, y tener la nevera ordenada para seguir esa vieja regla de que lo primero que entra es lo primero que sale.

En este sentido, es verdad que las empresas de alimentación ayudarían mucho si, de una vez, se distinguiera entre la fecha de consumo preferente -hasta la cual el alimento mantiene todas sus propiedades y un buen aspecto- y la de caducidad, a partir de la cual sí se supone que no está en buen estado y habría que descartarlo.

Por citar un ejemplo recurrente, ¿cuántos yogures supuestamente caducados acabaran cada día en la basura pese a que están en perfecto estado para su consumo?

Recetas de aprovechamiento

También es importante olvidar esa idea de que las frutas y verduras tienen que ser perfectas y brillantes. Algo que durante años -todavía ocurre- ha hecho que los productores descarten toneladas de alimentos porque no tienen salida en las tiendas. Por suerte, algunas cadenas ya empiezan a ofrecer en sus lineales frutas y verduras feas -pero igual de ricas- a precios más ajustados.

Pero si hemos calculado mal las cantidades o los tiempos, es aquí donde entran en juego las recetas de aprovechamiento. ¿Un yogur que va camino de caducar y unas frutas pochas en la cocina? Sólo necesitaremos una batidora para improvisar un estupendo batido para desayunar o para la merienda.

Por suerte, hay miles de ejemplos de esas recetas que toda la vida han servido para que en las casas no se tirara nada. Canelones, croquetas, sopas, cremas... platos que, vistas las cifras, toca seguir reivindicando.

A fin de cuentas, y más allá de las decisiones políticas y legales necesarias -en Francia desde hace tiempo los supermercados están obligados a donar sus excedentes a los bancos de alimentos, por ejemplo-, parte de la solución pasa por lo de siempre: cocinar más en casa.