Cupcake arcoíris
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La comida como placer visual, objeto de deso, irresistible lugar de atracción, tan sexy que resulta difícil no meter la mano en algunas de las fotografías que así la muestran y cuyo nombre es tan literal que apenas requiere explicación: food porn. No sólo es asunto de expertos fotógrafos, las redes están llenas de imágenes de manjares presentados y captados como la mujer o el hombre más deseados del mundo. Para algunos tan atractiva como el sexo. Comparable o incluso sustituible.

En la exposición Del bodegón al porn food, la primera dedicada a este fenómeno, donde fotógrafos españoles como Francesc Guillamet (fotógrafo habitual de El Bulli) reunieron más de 50 imágenes, el objetivo era establecer una relación directa entre sexo y gastronomía. De este modo se mostraban planos que debido a su encuadre podían ser los mismos que los empleados en películas eróticas.

"Es un término correcto food porn", dice Iker Morán (La Gulateca), " ya que es algo tan atractivo que resulta pornográfico. Es eso que te hace salivar y que te dan ganas de sacar el colmillo". Nada que ver con aquellas fotos de comida de las revistas de los años sesenta o de los libros de recetas de no hace tanto tiempo.

Es algo tan atractvo que resulta pornográfico; te hace salivar y te dan ganas de sacar el colmilloEl salto desde esas fotografías de besugos con limones en bandeja plateada o fuente de horno a las 'sensuales' imágenes de, por ejemplo, los platos de Subijana o los de Adriá ha sido tan importante como para considerarlo arte.

"Adriá fue al primero que se le ocurrió hacer un catálogo visual de todos sus platos. No fue de los primeros en fotografiar sus recetas, pero sí en cuidar tanto que cada plato estuviera tan bien fotografiado",  señala el fotógrafo y cocinero Morán. No en vano para el chef la cocina de vanguardia no habría llegado tan lejos sin este tipo de fotografía.

Mikel Alonso es uno de los nombres de referencia en esta fotografía, incluso puede afirmarse, como hace Yanet Acosta en el libro que recoge la muestra de igual nombre Del bodegón al porn food, que ha creado escuela fotografiando los platos de Arzak.

También resalta Acosta a Yayo Galiana con sus retratos a la cocina de otro nombre de referencia de la cocina moderna: Pedro Subijana. No deja de mencionar la periodista y autora del blog El chef ha muerto a otros fotógrafos como Javier Peñas, Félix Soriano o Ávaro Fernández.

Parece y es reciente en cuanto a fenómeno de masas, pero fue en 1984 cuando se empleó el término por primera vez. La responsable, una feminista, Rosalind Coward que en su libro Deseo femenino afirmaba que la comida con una adecuada presentación podía convertirse en una manera de 'querer', atraer, seducir.

Reina de las redes sociales

Las redes, además de los fotógrafos profesionales, se han rendido a este  fenómeno, que encuentra en Instagram su lugar preferido. No hay más que entrar para ver cómo fotografiar la comida a diario y publicarlo en Instagram es algo habitual.

Deliciosas tartas, espumosos cafés, ostras que ni a los alérgicos asustan, hamburguesas capaces de convencer al más vegetariano, son algunas de las fotosque pueblan las redes sobre todo en las horas cercanas a la comida y la cena. Y no sólo Instagram, Facebook también es un buen escenario para los foodporns.

Tal es la importancia de la apariencia que un artículo en The New York Times afirma cómo el éxito de las recetas publicadas en su blog de cocina está determinado por las imágenes y su poder de atracción a los lectores. Y aquí viene la pregunta: ¿importa más la presentación y la imagen, es decir: el continente que el contenido? La respuesta podría ir de la mano de las preferencias actuales. Vale más lo de fuera que lo de dentro. Guste más o guste menos.

Destaca Iker el blog O lo comes o lo dejas como uno de los lugares de referencia y que de manera habitual él visita. 

la cocina de vanguardia no habría llegado tan lejos sin este tipo de fotografíaA pesar de que el trabajo de los cocineros es o debería ser el protagonista, lo cierto es que el fotógrafo es quien tiene casi todo el poder para reflejarlo de modo atractivo. Desde el encuadre, la luz, la presentación: el color y tipo de plato, la manera en que se coloca el o los alimentos, hacen de lo preparado para ser comido un objeto de admiración visual. ¿Quién no se ha sorprendido mirando embobado la imagen de un plato que realmente no le gusta?

Cada detalle cuenta, y elementos tan simples como el color del recipiente donde se presenta o la disposición de los alimentos en la mesa serán claves para crear una imagen tan rica en composición como en contenido.

Así se hace una buena #foodporn

Consejos de Iker Morán:

1. Lo primero es que tiene que ser bonita la comida y si no lo es, hacerla jugando con colores que se pueden añadir al plato o con los colores del recipiente en el que sirve. Por ejemplo, señala Morán, "si es una paella no la pongas en un plato naranja".

2. Los colores lisos en los platos siempre funcionan, al menos para principiantes. Ante la duda: el blanco, salvo que la receta sea blanca (nata, arroz con leche...).

3.La mejor opción para la mesa sobre la que pondremos el plato a fotografiar es la madera.

4. Hay que cuidar todo lo que se ve y rodea al plato: total limpieza y mucha moderación. Es fundamnetal no pasarse en el estilismo. Así de literal habla Morán: "Si te pasas de cuqui, eres hortera".

5. La luz: sea con cámara o con móvil, nunca usaremos flash, salvo que sepas usarlo muy bien. "El flashazo directo al plato es horrible, queda muy fría la comida y como azulada".

La primera en usar el término 'food porn' fue la feminista Rosalind Coward  6. Es importante buscar luz natural, y si es posible, un contraluz suave, ya que ésa es la iluminación perfecta. Para lograrlo basta con tener una ventana con una cortina y que la luz de esa ventana ilumine el plato desde atrás. Esa iluminación da sombras y crea volumen.

7. Si no hay luz natural, lo suyo es situarse lo más cerca posible de una bombilla.

8. Suele funcionar acercarse lo máximo que se pueda al plato y enfocar un detalle. Por ejemplo el tomate rojo de una ensalada en un primer plano y el resto desenfocado (para lograr este efecto hay que acercarse mucho). Lo contrario, que también funciona, es una toma desde arriba, lo más recta que se pueda para que quede el plato en el centro visto desde arriba. "Esta última manera es menos habitual pero funciona muy bien", dice Iker Morán.