Street food
Uno de los 'food trucks' que participaron en las primera edición del evento MadrEAT. MadrEAT

En España, el comer y el beber están consideradas dos excelentes actividades lúdicas y de socialización. Triunfan el tapeo, la comida rápida, las terrazas (ya no sólo en verano) y los eventos gastronómicos. Todo parece indicar que la tendencia del street food, la moderna comida callejera, lo tiene fácil para arrasar en ciudades como Madrid, Sevilla, Valencia o Barcelona.

La esencia no es nueva. De hecho, las calles españolas han estado salpicadas de churrerías, puestos de castañas y kioskos de helados durante décadas. Pero la corriente del street food actual trata de ir un paso más allá con la venta de productos innovadores, de gran calidad y a precios asequibles a través de puestos y, sobre todo, vehículos estacionados en lugares públicos, caravanas y camionetas con cocinas en su interior, los conocidos como food trucks.

Sin embargo, las delicias sobre ruedas aún tienen varios escollos por delante en este país. La estricta legislación actual prohíbe la venta de cualquier alimento elaborado en la vía pública, así que el único resquicio que les queda a estos negocios son las ferias y eventos organizados en recintos privados.

La estricta legislación actual prohíbe la venta de cualquier alimento elaborado en la vía pública

En los últimos meses ha habido algunos ejemplos significativos, como el festival de tendencias urbanas Mulafest, donde el street food aparcó durante varios días para deleitar a los asistentes con las delicias orientales del restaurante Kabuki (nigiris, makis, udones...), del chef con estrella Michelín Mario Payán, y con las cervezas artesanales y bocadillos castizos del cada vez más popular food truck La Virgen.

Otro hito fue el estreno de Chef, película de Jean Favreau en la que se narra la historia de un cocinero que abandona los fogones de su restaurante de Los Ángeles para montar un camión de sandwiches con su hijo. En España, como parte de la promoción del filme, se recurrió a Gastón y Priscilla, dos apasionados por la cocina que un día se atrevieron a dejar sus profesiones para lanzarse gastronómicamente a la carretera con su Eureka Street Food, donde ofrecen productos de todas partes del mundo: ceviches, tacos, jamón serrano...

Sin embargo, estos momentos puntuales se quedan cortos para un fenómeno que ya arrasa en ciudades como Londres, Nueva York o Copenhague. Eso ha hecho que cada día surjan más iniciativas que buscan la creación de un marco legal que haga viable en España este negocio cargado de potencial. Con eso ánimo han nacido asociaciones como Street Food Madrid (compuesta por chefs, emprendedores, blogueros, abogados...) y eventos como MadrEAT, que acaba de celebrar su segunda edición y aspira a convertirse en una cita mensual.

La traba de las normativas municipales

Estanis Carenzo, chef de los restaurantes Sudestada y Chifa e integrante del Consejo Asesor de MadrEAT, asegura que sólo falta un pequeño empujón legal para que esta tendencia encuentre su hueco en este país. "Queremos que se pueda hacer. La gente en España está acostumbrada a disfrutar de la comida y le gusta probar cosas nuevas. La costumbre ya existe, pero nos gustaría desarrollarla. Necesita cambiar un poco la legislación, no tiene más dificultades que esa", cuenta a 20minutos.

Actualmente, las normativas municipales y autonómicas que afectan a las actividades de la gastronomía callejera (sanidad, estacionamiento, gestión de espacios públicos, impuestos, equipamiento...) son muy restrictivas e impiden el funcionamiento de los food trucks. "Habría que hacer muchos cambios, pero es posible, basta con seguir el ejemplo de algunas importantes capitales europeas que se han volcado en este movimiento como París o Copenhague", asegura Carenzo.

En España, la gente relaciona comida rápida con comida mala, pero también hay mucha buena

Existe un segundo obstáculo para el street food, pero es más fácil de superar. "En España, la gente relaciona comida rápida con comida mala, pero también hay mucha buena. Imagina por ejemplo una porción de empanada gallega que te dan en el acto en un puesto, es comida rápida de primera calidad. Rápido no significa malo", comenta el chef, quien recuerda que es absurdo que estos negocios no sean posibles cuando ahora mismo hay espacios públicos ocupados por "negocios arcaicos como churrerías, que muchas veces ni siquiera son buenas, o por puestos que venden chuches tóxicas". "En cambio, no puedes encontrar comida callejera hecha con todo el cariño y la misma calidad que en un restaurante", añade.

Este movimiento surgió cuando económicamente se hizo muy difícil acceder a los locales y "muchos se vieron obligados a empezar a desarrollar su talento en camiones". "Mucha gente que quiere montar un negocio opta por meter 20.000 euros en un vehículo en vez de 180.000 en un restaurante. Eso ha hecho que el street food funcione también como un trampolín para jóvenes emprendedores que después se lanzan a otros proyectos", cuenta el cocinero. Esta tendencia, aún por explotar, "puede generar en las ciudades un interesante ecosistema empresarial".

Otra de las ventajas es el hecho de que los negocios móviles permiten generar una variedad de la oferta. En un mismo sitio podría haber productos diferentes dependiendo del día. Pero, de momento, los caminones de comida aún están muy lejos de las calles españolas. Hasta que algo cambie, los ciudadanos con ganas de comida callejera tendrán que seguir conformándose con los puestos de castañas.