Pero es que, esta vez, los políticos aragoneses se han pasado tres pueblos. Sobre todo, los que mandan en el Pignatelli. Y sus camarillas, que influyen más de lo que parece. José Marco es un ex presidente delincuente y condenado, que gobernó en la DGA gracias a una moción de censura ganada con un sospechoso tránsfuga. Utilizó dinero público para pagar espías que vigilaban a sus rivales políticos. Malversó fondos públicos. Como responsable del PSOE aragonés, presionó en Madrid y retrasó varios años la apertura de la autovía de Huesca para que la inauguración no coincidiera con un gobierno PP-PAR en la DGA. Pues bien, Iglesias, Biel y compañía le han dado la Medalla de Aragón a este tipo. La única reacción digna ante semejante desatino ha sido la del ex presidente Lanzuela, del PP, que ha rechazado compartir condecoración con él. IU y CHA protestaron, pero estuvieron en la entrega. Cómplices, aunque no aplaudieran. El PAR recogió otra medalla, claro.