La grave crisis económica que arrastra su país la obligó a escapar y Alicante la recibió con las puertas abiertas. «Aquí en seguida encontré trabajo. La gente me recibió muy bien, aunque echo de menos mi ciudad. Tengo hijos allí y, por el momento, no he vuelto de visita. Aunque cuando gane más dinero, espero volver algún día», asegura con nostalgia esta ex jugadora de baloncesto.

El fuerte carácter de los alicantinos es el rasgo que más llamó la atención de Corina desde que reside aquí. Según esta boliviana, «son muy amables, pero al primer golpe de vista son un poco desconfiados y viscerales. Luego se abren cuando te conocen».