Daroca
Vista general de la localidad zaragozana de Daroca. WIKIPEDIA/ecelan

La zaragozana Daroca fue fundada por los íberos y, posteriormente, los árabes la hicieron suya por más de 400 años. El trazado de la villa trepa por los montes San Cristóbal y San Jorge. La subida nos permite ver su muralla: cuatro kilómetros casi intactos, que siguen el curso del río Jiloca.

Pero si algo hace distinta a Daroca y su comarca son sus aguas. La experiencia balnearia y termal es única. A unos kilómetros esperan las aguas sulfuradas de dos balnearios nacidos en el siglo XIX.

El Balneario de Paracuellos del Jiloca, construido en 1848, es el más antiguo de Aragón. Reformado hace poco, está equipado con la más avanzada tecnología en hidroterapia. El otro es Termas Pallarés, en Alhama de Aragón, rodeado de casi 70.000 metros cuadrados de bosques y jardines que rodean un lago termal natural, único en Europa. Es posible bañarse en invierno en un lago al aire libre, con temperaturas que rondan los 32º C.

El agua hace más milagros en estas tierras. No muy lejos de Daroca nos espera la Laguna de Gallocanta, un humedal refugio de fauna silvestre, de importancia internacional. Se han llegado a observar hasta doscientas especies distintas, aunque la laguna es especialmente importante para las grullas, ya que es un enclave estratégico de su ruta migratoria (entre el primer fin de semana de noviembre y el primero de febrero).

Si volvemos a Daroca debemos probar su pastelería de larga tradición. Aquí existe aún una pastelería que se fundó en 1874 y es de las más antiguas del país. Es el Museo de la Pastelería Manuel Segura, regentado por la familia que fundó la tienda seis generaciones atrás. Elaboran muchas delicias; acaso la más solicitada son los baturricos, bombones trufados de chocolate negro, tocados con el típico cachirulo.

Fuente: Guía Repsol. Rutas, mapas, restaurantes … ¡Planifica con nosotros tu viaje!