Inteligencia, sensibilidad

El premiado luchador Perico Arrojo resume en su inteligencia y en su sensibilidad lo que debe ser la nueva cultura del agua.
Arrojo revela esa otra manera de afrontar los usos hidráulicosaplicando el raciocinio, el diálogo y sabiendo apreciar (sentir) elvalor de un río salvaje, el del pequeño caserío (y pobladores) a suvera o el de un mar limpio y lleno de vida.A priori parece algobastante simple.

Pero en este país llevamos siglos tirándonos los trastos a la cabezapor el agua, precisamente por no aplicar ni inteligencia nisensibilidad, dos grandes atributos humanos, por cierto. Así persisteel empeño en inundar tierras y pueblos sin justificación, o en regar almodo más obsoleto y despilfarrador, precisamente en tierras dondeescasea mucho el agua.

Es un consuelo fútil haber coincidido casi todoscontra la aberración del trasvase, si para organizar nuestros recursoshidráulicos seguimos empeñados en proyectos destructivos, peligrosos, ysin arreglar infraestructuras. O sea, sin inteligencia ni sensibilidad.
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