Menos participación y deseo de moderación

Claves pos electorales Vascas / 1
Estas elecciones anuncian un cambio de ciclo en el País Vasco, marcado por el retorno a unas prácticas de diálogo político abandonadas hace unos años. El electorado vasco parece haberse decantado por la normalización política, y lo muestra su participación, que ha vuelto, por así decirlo, a la normalidad. El casi 70% alcanzado no es un índice que refleje un movimiento de abstención anómalo, ya que, como puede verse en el gráfico, en cuatro de las ocho elecciones autonómicas celebradas en el País Vasco hasta ahora el índice se ha situado dentro de unos valores muy similares.

Las elecciones anteriores, las de 2001, sí que fueron anómalas, y la alta participación registrada (78,97%) fue la suma de un movimiento del electorado de la derecha no nacionalista que nunca había votado en unas elecciones vascas y que, después de que el PP obtuviera la mayoría absoluta en las generales de 2000, se convenció de que había llegado el momento de arrebatar a los nacionalistas el poder. También influyó el temor de un electorado moderadamente vasquista que, confrontado a la perspectiva de ver llegar al Gobierno vasco la fuerza más españolista del político, se movilizó y generó una contrarreacción que sorprendió a los mismos partidos nacionalistas, que se vieron beneficiados incluso por el voto útil de un sector abertzale afín a HB-EH.

Esta movilización excepcional, consecuencia de una enorme crispación, no se ha repetido y muestra, por un lado, la enorme debilitación del PP en el País Vasco después de perder su paraguas protector en el Gobierno central, pero, por otro, muestra que el voto excepcionalmente añadido al PNV-EA en 2001 fue un voto más anti-PP que a favor de la radicalización nacionalista. Por otra parte, la coalición PNV-EA cometió, sin duda, el error a lo largo de esta última legislatura vasca de confundir el origen de la movilización a su favor con un aumento del sentimiento independentista. El temor a entrar en una nueva fase de crispación, relacionada con el plan Ibarretexe y la autodeterminación, ha provocado una reacción contraria a la de 2001, ya que muchos de los electores que apoyan una autonomía vasca muy fuerte dirigida por el PNV-EA no apoyan aventuras independentistas.

La primera conclusión tras los resultados del domingo es, por lo tanto, bastante sencilla: el retroceso de votantes procede en su casi totalidad de las dos candidaturas que subieron en 2001: del PP, que ha perdido 118.138 votos (el 36,1% de los que obtuvo), y de la coalición PNV-EA, que ha perdido 140.349 votos (el 23,2% de los que logró en las anteriores autonómicas). Las otras candidaturas, incluida la candidatura refugio del voto abertzale radical, el PCTV, han tenido una incidencia bastante menor en las variaciones de la participación (el PSE, con 19.234 votos más, ha experimentado un pequeño crecimiento del 7,6%). En definitiva, las elecciones de 2005 han dado como resultado principal el deseo de moderación y la necesidad de diálogo, algo por otra parte obligado por los resultados en escaños que no dan mayoría para gobernar a ninguna tendencia.

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