Uno de los ejemplos de esta situación es el centro penitenciario de Quatre Camins, en la Roca del Vallès, donde cada vez más presos optan por el método tradicional de la correspondencia. La masificación de personas en los locutorios de la prisión y la mala comunicación que permiten estos espacios, sólo mediante un agujero en el cristal de escasos centímetros, provoca que los contactos con familiares o amigos sea «denigrante».

Ayuda de voluntarios
De este modo lo ha calificado Maria Rosa Vivet, voluntaria de la Associació Express Quatre Camins, que desde hace un año mantiene correspondencia con varios reclusos.

Vivet explica que se entienden mejor por carta porque, aunque no se puedan ver, al menos no hay interferencias. También existen los vis a vis que permiten tener al recluso enfrente sin barreras, pero este contacto exige solicitación, un control más riguroso y sólo se autoriza dos veces al mes.