El objetivo es que la sala se convierta en el auténtico cine del barrio para los habitantes de las ocho bases que hay en un radio de 35 kilómetros, con los que los residentes de Jubany se intercambian visitas.

"No es solamente un lugar cualquiera donde se pueden ver películas, es una auténtica sala de cine,
con 53 butacas, con sonido cuadrafónico", señala feliz Jorge Coscia, presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) argentino, que ha gestionado el proyecto.

La calidez del local, con sus paredes paneladas en madera, contrasta con el frío polar del exterior. "Aquí se ve claramente que lo del cambio climático no es cuento, que está sucediendo de verdad: este año la temperatura ha subido hasta los 14 grados, algo desconocido, y el glaciar ha retrocedido 300 metros en sólo cinco años", señala Coscia.

Jubany, bautizada en honor a un piloto de origen catalán que murió en accidente en la Patagonia, es una de las seis bases permanentes que Argentina tiene en la Antártida con otras siete que se utilizan sólo en el verano austral, de noviembre a marzo, y su población permanente es de 17 personas, que en verano, cuando llega el grueso de los científicos, se multiplican por cinco.

Para la inauguración, la sala está absolutamente llena, desbordada: a los habitantes de la base se unió un grupo de 60 personas, entre periodistas y funcionarios, que desafiaron durante dos días el proceloso Pasaje de Drake, una de las travesías marítimas más movidas del planeta, para asistir al estreno.