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El Mirador del Cañón del Ebro: el río grande a vista de águila

  • En las aguas vive en paz la nutria; arriba, el águila perdicera.
  • El mejor mirador está a kilómetro y medio antes de Pesquera de Ebro.
  • El Pozo Azul está considerado como el mayor sifón de España.
La espléndidas vistas del río Ebro a su paso por tierras burgalesas.
La espléndidas vistas del río Ebro a su paso por tierras burgalesas.
GUIA REPSOL

El Mirador del Cañón del Ebro, en la provincia de Burgos, un balcón sobre un acantilado calizo fue elegido por la Guía Repsol como representante de Castilla y León para optar a ser el 'Mejor Rincón de España 2012' junto con otros 16 enclaves singulares repartidos por la geografía española. El Mirador del Cañón del Ebro llegó a las semifinales.

Famoso y temido por sus salidas de madre, el Ebro es como un héroe del romancero, un campeón que, ya desde chico, tiene barbas y soberbias de gran señor. No más brotar de las entrañas de la cordillera Cantábrica –la misma cuna de España–, forma uno de los mayores embalses del país para adentrarse acto seguido en Burgos tajando con su tizona los páramos calcáreos de La Lora, donde ha abierto una brecha de más 200 metros de profundidad. En sus acantiladas riberas acampan, disputándose esta frontera natural, ejércitos de árboles norteños y de encinas castellanas.

A medio camino entre estos dos últimos pueblos queda Covanera, en cuyas vecindades, dando un garbeo de cinco minutos, se descubre el Pozo Azul, una surgencia kárstica de aguas color turquesa que está considerada como el mayor sifón de España y de la que se han explorado hasta la fecha seis kilómetros de revesadas galerías. Hay quien se baña aquí, aunque el agua está tirando a muy fresca: entre 9 y 11 grados, todo el año.

Abajo, en las aguas esmeraldas, vive en paz la nutria. Arriba, atalayando tanta belleza, el águila perdicera. Como no tenemos alas como ella, el mejor mirador de todo esto es el que hay un kilómetro y medio antes de llegar a Pesquera de Ebro, yendo por la carretera BU-V-5143. El lugar es tan escarpado que casi no se puede ni aparcar el coche. Más de dos, desde luego, no caben. Más vértigo que la altura, que es mucha, da la belleza de la huella causada por el Ebro en esta Castilla crustácea.

Románico y aguas fresquitas

Del romancero parecen también sacados los pueblos de esta comarca, y hasta en el más humilde de ellos siempre se halla un palacio, una docena de pétreos escudos y un templo que arquea asombrado sus románicas cejas cada vez que asoma un extraño.

Pueblos como Orbaneja del Castillo, donde un afluente del Ebro surge en vistosa cascada de la cueva del Agua, partiendo en dos el caserío. O como Valdelateja, con una ermita tardovisigótica en lo alto, consagrada a las santas Centola y Elena, desde la que se domina un soberbio panorama de acantilados. O como Moradillo de Sedano, cuya iglesia de 1188 posee una portada digna del mismísimo cielo.

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