Aeropuerto de Newark
Viajeros esperan por los vuelos atrasados o cancelado en el Aeropuerto Internacional de Newark en Nueva Jersey, Nueva York (EEUU). ANDREW GOMBERT / EFE

Coger un avión es un acto cada vez más habitual para millones de personas en todo el mundo. Eso ha convertido a los aeropuertos en auténticas ciudades de población flotante, cruces de caminos de seres humanos continuos y permanentes. A partir de esa premisa, investigadores de Estados Unidos han hallado que los grandes aeropuertos son los mayores transmisores de enfermedades contagiosas.

El estudio lo han llevado a cabo epidemiólogos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que analizaron 40 de los principales terminales aéreos de EE UU, para determinar el papel que pueden desempeñar en la difusión de enfermedades contagiosas como la neumonía atípica o la gripe H1N1.  

En lugar de centrarse en las etapas finales de cualquier epidemia, el equipo del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental del MIT analizó sus primeros días.

Los investigadores evaluaron varios parámetros, como la ubicación del aeropuerto, el número de escalas que permiten o el tiempo promedio de espera en ellos. Así crearon modelos matemáticos para determinar la velocidad con la que una enfermedad se propagaría desde esa terminal a otros puntos.

El John F. Kennedy, el más "infeccioso"

El resultado, que publica la revista PLoS ONE, fue que el aeropuerto más peligroso de EE UU es el John F. Kennedy de Nueva York. Y lo es tanto por ser puerta de entrada a la 'capital del mundo', como por ser punto de partida de vuelos de conexión a todos el mundo.

El segundo aeropuerto más "infeccioso" es de Honolulu, ya que es el principal centro de transporte del Pacífico. El listado elaborado por los científicos del MIT también incluye a los aeropuertos de Los Ángeles, Hartsfield-Jackson, en Atlanta, San Francisco, Newark, Chicago y Washington.

El estudio podría ayudar a determinar las medidas apropiadas para contener la infección en áreas geográficas específicas y ayudar a los funcionarios de salud pública en la toma de decisiones sobre la distribución de las vacunas o tratamientos en los primeros días de contagio.

Sería el caso del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), que en 2003 se expandió a 37 países causando cerca de mil muertes, o la pandemia de gripe H1N1 de 2009 que mató a unas 300.000 personas en todo el mundo.