Y si mejor lo hablamos...
El cabo Egea tiene mucho de árbitro inglés. Y no sólo porque tire de silbato en su trabajo (J. F. V.).
El árbitro inglés, cuando ve una entrada dura de un jugador, prefiere darle una charla antes que sacarle una tarjeta amarilla. El policía local Egea, lo mismo. Prefiere abroncar un poco al ciudadano infractor antes que ponerle una multa rapidita.

Que un conductor se salta un semáforo en rojo, Egea le pregunta que si se hubiera atrevido a hacer lo mismo cuando se examinó del carné. Que un viandante cruza delante de sus narices lejos de un paso de peatones, Egea le dice que tiene dos opciones: o rectifica o le denuncia.

Verborrea no es exactamente lo que tiene el cabo Egea, pero hablar, habla tela. «Me gusta la tertulia, la verdad», dice sonriente. «Hay que respetar las normas que nos hemos dado todos», insiste el agente. Y eso se lo explica detalladamente al infractor.

El problema está en que el cabo Egea se extiende en sus explicaciones. Reconoce que algún ciudadano le ha pedido que le multe, que haga lo que tenga que hacer, pero que le deje marcharse. «La verdad es que me molesta un poco cuando me responden eso». Egea lo considera una «falta de respeto». No entiende esos reproches.

Cuenta Egea que no ha sido siempre así, que, al principio, era de los de multa y poco palique. «Un día me miré al espejo y me dije que iba a tratar a la gente como me gustaría que me trataran a mí».

Al grano. José Manuel Egea nació en el barrio de Santa Marina de Córdoba en el año 1959. Ya no es cabo, es oficial, pero la gente le sigue conociendo como el cabo Egea. Hace 25 años que es policía municipal. Está casado y no tiene hijos.

Dice que se hizo agente porque no tenía trabajo. «Yo no sabía ni lo que era ser policía municipal». La vocación le vino luego, cuando ya era agente.

Y tanto se ha metido en su papel de guardia que ha escrito hasta un libro: Aproximación histórica a la Policía Local de la ciudad de Córdoba. «Me interesaba mucho conocer los orígenes de donde estaba trabajando. Había un vacío enorme, se ha escrito de la Guardia Civil, del Cuerpo Nacional de Policía... Pero nada de la Policía Local de Córdoba».

Así que el cabo Egea se puso a rastrear en los archivos y en la Biblioteca Municipal de Córdoba hasta que situó los orígenes de este cuerpo en el año 1860... Pero ésa es otra historia que Egea seguro te contará si se lo preguntas.