La cigüeña de las familias coruñesas viene de China
María José (izquierda) pronto volverá a China a buscar una hermana para Ana Yao.(M. Fuentes)
Muchos padres ya no pueden decir a sus hijos que los trajo la cigüeña de París. El pasado año, 43 familias de A Coruña viajaron a China para adoptar una niña –lo más habitual–. El 60% de los solicitantes lo lograron, y es una opción que gana adeptos por la rapidez, seguridad jurídica y edad de los pequeños, nunca mayores de 13 meses.

En lo que va de año, las dos agencias que operan en la ciudad han recibido más de 80 solicitudes para China; aunque también se pueden gestionar por libre gracias a la vía diplomática de la Xunta.

«Las autoridades chinas piden matrimonios heterosexuales, no mayores de 43 años y con ingresos y estudios medios [el bachillerato], y no se exige poseer una casa», explica Mamen García, asesora jurídica de Adecop Galicia.

Los trámites, «incluido el viaje a China, el donativo al orfanato –unos 2.300 euros– y los gastos de mediación rondan los 12.000 euros», según Marisa Vázquez, delegada de la agencia ACI. El tiempo de espera, sin embargo, está alargando el proceso. Hace un año no pasaban más de 13 meses en recoger al niño adoptado desde que los papeles llegaban a China, ahora se esperan 20. Y es que ese país ya recibe, desde todo el mundo, más peticiones de las que puede tramitar.

Europa del Este cierra el grifo

Los países de la extinta Unión Soviética, como Ucrania, ya no son los paraísos de la adopción de hace años. Para integrarse en la UE están orientando sus políticas de atención al menor y cerrando el grifo de las adopciones.

Dónde adoptamos los gallegos

China: 137 niños el último año (39 más que en 2004). La mayoría, en la provincia de Pontevedra (51) y A Coruña (43).

Etiopía: La segunda gran opción de los gallegos. Llegaron 62 niños el año pasado, la mitad de ellos están en A Coruña.

Colombia: Cada día vienen más. En 2005 vinieron 42 niños.

Rusia: 26 niños el último año, pero es una opción a la baja.

«Ella sabe que llegó por carta»

Acude a diario, de 10.00 a 12.00 horas, en la Escuela de Idiomas, a clases de chino. Pero no para entenderse con su pequeña Ana Yao, que vino hace ya dos años –ahora tiene tres y medio– de China, porque ya empieza a hablar en castellano. «Le prometimos a Yao que le traeríamos una hermana; ella ya sabe que llegó por carta y que los niños vienen así», afirma María José López, una funcionaria en la Xunta que hace cábalas para poder comer con Francisco, su marido.

Los dos repetirán paternidad en el gigante asiático. «Una adopción en España tarda de seis a siete años y los niños ya están crecidos para entonces», afirma. Cuando, hace ya tres años, decidieron dar el paso de adoptar, tenían algo de miedo a lo desconocido. «Cuando pisas suelo chino se te pasa todo y hasta que sales con la niña te hacen sentir como si estuvieses en tu propia casa», afirma ahora.

Dos años después de su primer viaje en avión, la pequeña Yao –como la conocen en familia– está integrada y aceptada en A Coruña. «En la guardería convive con niños de otras cuatro nacionalidades, aunque, como es la diferente, también es la que más atenciones recibe».

Sin embargo, pese a que muchos padres adoptivos hacen lo posible por inculcar a sus hijos la cultura española, María José y Francisco han querido que Yao sepa de dónde es y, «cuando sea mayor, que tenga la oportunidad de aprender su idioma».