Las compañeras de Noelia de Mingo dicen que le tenían miedo

Dos médicos residentes declaran en el juicio que la actitud de la acusada dos semanas antes del crimen «no era normal».
Se veía venir. Algo no andaba bien en la cabeza de la médico Noelia de Mingo. En su comportamiento había indicios para pensar que un día ocurriría una tragedia. Eso dijeron ayer las ex compañeras de la doctora que, supuestamente en estado de enajenación mental, mató a tres personas e hirió a siete en la Fundación Jiménez Díaz en 2003.Varios supervivientes del fatídico jueves 3 de abril de 2003 subieron ayer al estrado para declarar detrás de un biombo en presencia de la acusada, para quien la Fiscalía pide 65 años de prisión y la acusación particular 84 por tres delitos de  asesinato consumados, cuatro de asesinato en grado de tentativa, otro delito de lesiones graves y una falta de lesiones.

La primera de las víctimas en comparecer fue Belén Alonso, médico residente, quien explicó que la actitud de Noelia las semanas previas al suceso «no era normal», pues pasaba el día mirando mal a los pacientes, sacudiéndose la ropa y escribiendo en un ordenador apagado. «Te desafiaba con su mirada. Todos teníamos miedo, pues veíamos previsible un ataque violento», apuntó la testigo, que recibió una puñalada por la espalda.

Otra de las víctimas de De Mingo, María Alcalde, también residente en la Concha, especificó que denunciaron a sus superiores que la procesada sufría delirios, y que éstos no hicieron nada para remediarlo. Según Alcalde, la acusada «cambió mucho» en enero de 2003, cuando empezó a reírse sola. «Estaba fatal y esto se veía venir», dijo.

«Pegado a la mano»

Por su parte, la supervisora María del Pilar Pérez, que resultó policontusionada, dijo que al ver a De Mingo clavar el cuchillo «hasta el mango» se dirigió a ella para arrebatárselo, «pero lo sujetaba con tanta fuerza que parecía que lo tenía pegado a la mano». Otra víctima, la enfermera Carmen Martín, contó entre lágrimas que no puede caminar y que tiene la mano izquierda inútil. «Recuerdo que salí al pasillo y me cosió a puñaladas», dijo. Desde entonces tiene pesadillas. Hoy deben declarar varias personas que presenciaron el ataque.

La acusada no quiso declarar

Vestida con un traje oscuro y una camisa blanca, y esposada, la procesada fue la primera en hablar, pero lo hizo para acogerse a su derecho a no declarar. El presidente de la sección 16 de la Audiencia le recordó que si en algún momento quería dirigirse al tribunal, sólo tenía que pedirlo. Ella dijo que de momento no tenía nada que decir. De Mingo permaneció en la sala en actitud ausente mientras escuchaba las declaraciones de sus ex compañeras, dirigiendo miradas sueltas al banquillo de su abogado defensor.

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