«Acepté mi matrimonio
. Andreu Adrover

BIO Nació en Venezuela en 1965. Colaboró siete años en 'Crónicas marcianas' (Tele 5), copresenta 'Channel nº 4' (Cuatro) y participa en 'La ventana' (SER). Tras publicar libros como 'Azul petróleo' o 'Fetiche', acaba de reeditar su primera novela, 'El vuelo de los avestruces'. También ha escrito el guión 'La dama de rosa'; 'Inocente, inocente…' En febrero se casó con Rubén Nogueira.

Boris Izaguirre siempre rompe corsés y baja pantalones entre lo culto y lo mundano, y es en esta región donde desvela su secreto: «La piel es la clave de mi éxito».

La piel refleja la existencia...

Hace dos semanas asumí que soy completamente feliz, es un momento muy equilibrado por fin en mi vida.

¿La felicidad se asume?

Sí, te parece como horrible reconocerlo delante de tus amigos. A ellos les parece el colmo de mi ironía cuando yo les digo: «¡Cuánto deseo que consigáis un marido como el mío!». Es como abofetearlos con mi felicidad.

La Conferencia Episcopal dice que el comportamiento homosexual es «éticamente reprobable», y va usted y se casa.

Estoy encantado, pero sí le pediría al Gobierno que, ya que la ley ha sido un éxito, cambien la papelería del libro de familia. Y con respecto a la Conferencia Episcopal, la frecuento tan poco...

¿Qué tiene Rubén para haberle dado los mejores años de su vida?

Desde que lo conocí, en 1992, mi vida siempre ha ido a mejor. He publicado los libros que soñaba con escribir, he trabajado en programas que han cambiado mi forma de entender la comunicación, he conocido gente increíble y madurado mucho... Lo mejor que he descubierto es que puedo ser un señor. Sin su saber estar, su cerebro y su clarividencia, no lo habría conseguido.

¿Se ven comprando patucos?

Casarme me parecía imposible, rápidamente he entendido que es superposible, y ahora necesito un poco más de reflexión para enfrentarme a la paternidad.

¿Casa el amor eterno con la pasión eterna?

Absolutamente. Todo consiste en hacer grandes esfuerzos y en mantenerse atractivo el uno para el otro. A pesar de que yo me haya sometido a una liposucción y a una serie de cosas por la pantalla, el ir todos los días al gimnasio es por Rubén, que es quien lo va a disfrutar.

¿El deseo unido a la fidelidad?

Nos hemos casado bajo un lema, que no sabemos si pondremos en práctica, pero que nos protege: «Aceptamos el matrimonio, sin fidelidad y sin divorcio». Es honesto.

¿Su frivolidad es un signo de inteligencia?

Sin duda. Además, es una cosa que se renueva mucho mejor que la propia piel.

¿Y es la mejor manera de punzar a los demás?

La mejor para decir lo que no te atreves nunca a decir y un guante perfecto para mover a la sociedad.

Y el humor, ¿un truco para ser feliz?

Es el primer paso para la ironía, y la ironía es la forma máxima de inteligencia. Lo heredé de mi padre y lo he desarrollado en España, que, como es tan loca, tan inesperada, insólita y contradictoria, lo que mejor tiene para ofrecer es el humor.

¿Qué vicio o virtud une a España con los otros países donde ha vivido (Venezuela, los EE UU y Argentina)?

El consumismo, una voracidad tremenda que terminará por volvernos caníbales.

¿Se siente caníbal?

Lo he sido, pero ahora estoy en otro tipo de régimen. He dejado de ser un caníbal.

Dice que se siente algo geisha. Yo le hacía más fatale.

Para que seas auténticamente una mujer fatale tienes que haber sido un poco geisha antes, y a mis cuarenta años lo de fatale sí va más conmigo.

¿Se siente un poco Marilyn con Channel n.º 4?

Para nada. Siempre he tenido mis dudas respecto a ese título, pero veo que mucha gente tiende a asociarlo conmigo y me parece un halago.

¿En el armario de quién le gustaría meterse?

En el de Isabel Preysler y en el de Carolina Herrera, que me fascinan; en el de Eugenia (Martínez de Irujo), con quien vivo una amistad maravillosa y de quien aprendo un universo femenino tan genial; en el de Almodóvar y en el de Jesús Vázquez.

¿Qué no puede enseñar un hombre ?

Los calcetines ejecutivos. Es una cosa que me deprime en el puente aéreo. Miro al techo para no ver toda esa fila entera de calcetines deslizándose hacia un tobillo horrible... Todos del mismo color, como capuchas de terroristas... ¡Espantoso!

¿Qué haría Boris en veinte minutos?

Nadar, para hacer el amor necesitaría cinco minutos más.

¿Sólo se vive una vez?

No. En mi primera vida fui alga; luego, faraón, secretario de un político y, ahora, Boris Izaguirre.

¿Qué vida futura desearía?

Me gustaría ser María Antonieta, la inventora de la democracia absoluta.

¿Y morir de glamour?

Sería fantástico, pero casi imposible. Ése fue un título fantástico (idea de Rubén) de mi libro más exitoso, un ensayo sobre la democracia. El glamour se puede comprar, es de quita y pon, una experiencia mucho más libre y atractiva que la elegancia.

En dos palabras

«La cirugía estética engancha»

¿Reza? Rezo por Andy Warhol, Truman Capote, Marilyn y Liz Taylor.

¿Guarda algo debajo de la cama? Nunca.

¿Canta en la ducha? A Coti, Paulina Rubio...

¿Conserva amigos de la infancia? Incluso en ministerios del Gobierno chavista, con el que no tengo nada en común.

¿Se sonroja si le halagan? Me encantaría.

Un ruido insoportable. El del botellón.

Un invento. El teléfono.

Un libro. Hay que volver a Edgar Alan Poe.

Un derecho. El de votar.

¿Derechas o izquierdas? Hacer a derechas y pensar a izquierdas.

¿Miente? Constantemente.

¿Cirugía estética? Engancha.