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Por qué deberías revolucionar más el coche para gastar menos gasolina y diésel (y en qué circunstancias)

Tubo de escape de un coche.
Tubo de escape de un coche.
Óscar J.Barroso - Europa Press - Archivo

Nuestra manera de conducir afecta directamente al consumo de combustible del coche. Dar acelerones, circular en marchas cortas de manera abusiva, no llevar una velocidad constante y llevar el coche sobrecargado son algunos gestos que influyen en la velocidad con la que disminuye el depósito del carburante. Sin embargo, tampoco es bueno conducir siempre a muy bajas revoluciones. 

Circular siempre con marchas largas y no dejar que el motor se revolucione puede provocar averías en la mecánica de nuestro coche. El coche tenderá a ahogarse y podrá sufrir averías en la junta de la culata, en la válvula EGR, en los cilindros, el turbo... 

Por lo tanto, para mantener la buena salud del coche y un consumo ajustado de combustible hay que circular en torno a las 1.500 revoluciones, nunca por debajo, en los motores de gasolina y entre las 1.300 en los motores diésel. Estas cifras deberán ser las que utilicemos de guía durante la conducción cotidiana. 

En pendientes

Utilizar marchas más largas y bajar las revoluciones del motor solo está recomendado en zonas como la autopista o la autovías con pendiente favorable. Pero, en el caso en el que el motor deba hacer un gran esfuerzo, como en pendientes o subidas, lo mejor es reducir las marchas para ajustar el trabajo y el par máximo del motor y, además de evitar averías, optimizar el consumo de combustible. 

Por otro lado, en el caso de los coches diésel es óptimo circular de vez en cuando con el coche a altas revoluciones por vías de alta capacidad para eliminar la carbonilla y las partículas que pueden quedarse en el filtro y en la válvula EGR. Así, se evitará que los sistemas anticontaminación del coche se estropeen y ahoguen el motor, algo que también influye negativamente en el consumo de combustible del vehículo. 

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