Un coche familiar con aire deportivo

Un vehículo para toda la familia con un aspecto deportivo, pero no demasiado amplio.
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Foto
Los modelos de la marca sueca siempre se han distinguido por su estilo original, y el primer familiar derivado del 9-3 no iba a ser menos. Su diseño tiene una marcada línea en cuña que acaba en una agresiva trasera y busca el mayor atractivo visual y no una capacidad superior del maletero.

Su aspecto es muy dinámico y deportivo, algo que encaja con su estilo de conducción. Tiene unas suspensiones duras, pero que en ningún momento llegan a ser incómodas, lo que le da un cierto aire de conducción deportiva. La respuesta del motor no es demasiado inmediata y la dirección resulta algo lenta.

 Análisis

Prestaciones. El motor turbodiésel 1.9 de origen Alfa Romeo tiene un funcionamiento excelente, aunque su sonido no resulta muy refinado y, como casi todos los propulsores de este tipo de alrededor de dos litros, le falta un poco de empuje a pocas vueltas. El cambio manual de seis velocidades compensa, en cierta medida, esta falta de alegría y permite subir de revoluciones de forma rápida y con unos consumos excelentes.

Equipamiento. Este Saab cuenta con un completo equipamiento en el que ya se incluye de serie el control de estabilidad, reposacabezas activos y todos los airbag, con excepción de los laterales traseros, que no se ofrecen ni opcionales. También incorpora todos los elementos de comodidad habituales (climatizador doble, ordenador de viaje, etc.), aunque la lista de opciones para personalizarlo también es larga.

Vida a bordo. El interior del 9-3 es realmente agradable por su diseño, originalidad y terminación. El puesto de conducción es perfecto, con unos asientos que sujetan bien y con todos los elementos bien colocados. Es amplio, aunque el espacio longitudinal en las plazas traseras no es muy generoso y el maletero tiene la misma capacidad de la berlina, pero el portón le da más funcionalidad de uso.

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