Ayer salieron a la luz los motivos que llevaron al juez del Tribunal de Turín Giuseppe Casalbore, a condenar, el 26 de noviembre de 2004, a Riccardo Agricola, jefe de los servicios médicos de la Juventus, a un año y diez meses de reclusión por fraude deportivo y por suministrar fármacos de forma peligrosa para la salud. Según el juez, Agricola empleó eritropoietina (EPO) para mejorar las prestaciones de los jugadores, entre 1994 y 1998. Casalbore apunta también que Agricola no pudo realizar todo en solitario, pero que las pruebas contra Giraudo, administrador delegado del Turín, no resultaban «completas y suficientes».