Ya pocos se la toman en serio, y actualmente la ausencia de equipos con tanta tradición en la Copa como el Real Madrid o el Barcelona se subsana en el seno de ambos con una pírrica victoria en Liga. Cierto es también que no hay que restarle méritos a los conjuntos de menor entidad que han avanzado en el torneo (véase Gramenet, de Segunda B). Con todo, el calendario es muy exigente para los que tienen que afrontar tres competiciones, lo que hace que desprecien la Copa en beneficio de los torneos europeos. El cambio de rumbo es necesario. El reelegido Ángel María Villar tiene ahora una buena ocasión para demostrarle a sus detractores que desde la Federación Española se quieren mejorar las cosas, y la Copa puede ser un buen comienzo.