'#Luimelia' es para siempre: nos colamos con Paula Usero y Carol Rovira en el rodaje del fenómeno más bonito de la ficción española

Tras un imposible viaje por todo tipo de estados audiovisuales, '#Luimelia' estrena su cuarta temporada. La más libre, la más duradera y la más desvinculada de redes sociales
Fotograma de '#Luimelia'
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Cinemanía

Esta serie es un milagro. Una anomalía, una rareza que por lógica no debería ocurrir, como que las abejas vuelen o que el marisco esté bueno. Luimelia es una ficción sobre el romance de dos chicas lesbianas, una propuesta innovadora que juega con formatos y temporalidades, un fenómeno nacido como spin off de una de las producciones más acotadas de la ficción española, Amar es para siempre

Aquel caldo de cultivo, ausente quizás de ilimitada creatividad, es a cambio uno de los lugares con mayor conocimiento sobre cómo se cuenta una historia. Un saber hacer que en 2005 origina Amar en tiempos revueltos, serie producida por Diagonal TV para Televisión Española, drama histórico de sobremesa, ambientado en la guerra civil y los primeros años del franquismo. En 2012, la serie finaliza y se va a Antena 3 con otro nombre, Amar es para siempre, manteniéndose en antena desde entonces.

Según Kantar, esta segunda vida sumaba alrededor de un millón y medio de espectadores por capítulo en 2020, convirtiéndola en la serie más vista de la televisión tras quince años en antena. Quince años de serie diaria, de rodajes a toda leche, de miles de profesionales que vienen, se quedan o se van; de líneas escritas, interpretadas y rodadas con mimo pero sin pausa. Y el milagro todavía está por llegar.

Fotograma de '#Luimelia'
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“Yo hice la prueba sin saber que Amelia era lesbiana” explica Carol Rovira, Amelia en la ficción. “En los ensayos, el director, Eduardo Casanova, se acercó y nos dijo “hay una cosa que no os he dicho y es que vuestros personajes van a tener una historia de amor”. Nos quedamos sorprendidas. Eduardo pensó que sería mejor, porque precisamente no querían subrayar nada, o poner el acento en la relación, querían que fluyese de manera natural”. 

Esta es la descripción de un experimento muy concreto nacido del ojo clínico de un equipo con amor por lo narrativo. El sedimento claro de un tanteo en búsqueda de nuevos cauces de empatía con la audiencia, pero siempre con la calma y ritmos que una serie como Amar es para siempre exige. 

Empieza así la vida de dos personajes secundarios. Amelia, una mujer decidida que sueña con vivir como vedette y Luisita (Paula Usero), más dulce e inocente, camarera en el bar donde Amelia comienza a actuar por las noches. Miraditas, líos, risas, tonteo, drama, abrazos, tensión. Un sinfín de recursos que empujarían su idilio hasta lo más alto. “Nosotras en Amar nos sentíamos casi protagonistas”, confirma Paula Usero, “porque nuestra trama llegó a coger mucho peso, situándose al lado de las troncales. Trabajábamos casi tanto como la gente que iba de prota”.

La explosión, sin embargo, es incontestable propiedad de la audiencia. El ingrediente secreto es el fandom. Dos personajes que no suelen aparecer en este tipo de series, dos chicas lesbianas, despiertan un movimiento. Un estallido indudablemente potente, pero no tan imprevisible. Tras décadas siendo conscientes del peso que ha adquirido la representación para el público actual, los tiempos que gestiona la ficción generalista para incluir, de manera no estereotipada, personalidades no normativas, son llamativamente prolongados. 

Foto del rodaje de '#Luimelia'
Foto del rodaje de '#Luimelia'
Cinemanía

Es lógico pensar que la audiencia, al recibir un estímulo tan poderoso, buscará organizarse para funcionar como motor de la permanencia de esa idea. Y así fue. Los impactos en las noticias de Amar es para siempre que mencionaban a Amelia y Luisita, sobrepasaban al resto. Twitter comenzó a comentar todos los episodios con el hashtag #Luimelia, gestionando así un noviazgo que al principio solo se entreveía. Tiempo después, la respuesta estaba clara, estas dos chicas necesitaban su propia serie. ¿Qué tal les va? Bienvenidos a su cuarta temporada.

Nace el spin-off, parece que ya no estamos en Kansas

Carol Rovira arroja algo de luz sobre la forma en la que Luimelia comenzó a forjarse. “En principio no se planteó como un spin off, sino que pensamos que Amelia, que es vedette, podría ir a París unos meses, para regresar más tarde. Desde Antena 3, Camino Sánchez, una de las responsables de comunicación, propuso hacer un vídeo muy sencillo presentando esa idea. Y eso se convirtió, poco a poco, en Luimelia”.

“La serie empezó como un experimento y todo el mundo se lo tomó así”. Al habla Borja Santaolalla, cocreador de la serie junto a Diana Rojo. “Ese espíritu de libertad lo hemos seguido manteniendo, Atresmedia apostó por él en la segunda y tercera temporada y ahora teníamos claro que esa apuesta se debía mantener para no perder su esencia. Y, a la vez, esta cuarta temporada nos permite añadir peso a la historia. 

Fotograma de '#Luimelia'
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Cinemanía

Habrá que ver el resultado, pero creo que hemos conseguido un equilibrio idóneo”. Diana suscribe esta intención: “en ningún momento hemos querido hacer una serie convencional. Hemos jugado a salirnos de una estructura clásica, dotando a cada episodio de una identidad concreta. Ahora con los capítulos de media hora teníamos miedo de que la cadena no nos permitiese seguir por ese camino, pero en absoluto. Seguimos teniendo el control, todo es posible”.

La visita al rodaje acompaña esa sensación, la de que la cuarta temporada, seguramente sin renunciar a su emblemática frescura, aprovechará la duración de sus capítulos para profundizar. La escena que presenciamos es tensa, dramática, hay conflictos que emocionarán a los fans y animarán a profanos con los deberes atrasados. Nuestras protagonistas comparten pantalla con personajes como “Devi”, Devoción González (Ana Labordeta), madre de Amelia o su hermano Fran (Francesco Carril), lo que indica una vuelta a las raíces, una mirada a orígenes y recuerdos. 

Sin dejar del todo atrás el tono melodramático de la sobremesa generalista, es cierto que aflora un efecto más moderno, unido con la línea editorial reciente de Atresplayer. “Mi personaje antes era más alocada, no tenía las cosas claras, era caprichosa” menciona Paula Usero. “Ahora en Luimelia, Luisita es una chica frustrada por no triunfar en nada, solo se le da bien el dibujo, que ya es gran cosa, a mí en la vida real se me da como el orto. Parece que nunca consigue los trabajos que se propone, tiene poca suerte. Pero es más coherente, a pesar de que pueda resultar algo niñata. Es buena, sabe lo que está bien y mal”. Todo el equipo está feliz de volverse a encontrar tras un año de parón por la pandemia

En el rodaje abundan los abrazos, las risas y la complicidad. La sensación es la de haber llegado a una fiesta en su mejor momento. Hay chicos y chicas que matarían por estar aquí, pero desde dentro se vive con perspectiva. “Sinceramente creo que mi vida no ha cambiado en nada”, confiesa Carol Rovira, consciente entre risas de que las mascarillas ayudan al anonimato. 

“No obstante, sé que esta historia y que este personaje me ha hecho crecer como persona, como actriz. Y también despierta tu conciencia. Nos llegan mensajes de gente joven, que nos confiesa que gracias a esta historia ha conseguido la fuerza suficiente para gritar quién es, para decirle a sus padres que es lesbiana. Otros mensajes te ponen los pelos de punta. ¿Cómo puede ser que la homosexualidad esté todavía penalizada en algunos países? ¿Cómo puede esto traer sufrimiento a la gente, en vez de ser algo luminoso?”.

Fotograma de '#Luimelia'
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Cinemanía

Desde fuera, cualquier espectador o analista de este prodigio televisivo repararía en su suerte. Se trata de una de las pocas series en todo el mundo cuya audiencia ha respaldado masivamente un cambio drástico de temporalidad (Luimelia ocurre en el presente, Amar es para siempre no), alteraciones en la personalidad de sus protagonistas o constantes ejercicios de meta narrativa, que por supuesto se mantienen en esta cuarta edición del espectáculo. Sin ir más lejos, una temática clara que se ha visto afectada ante estas variaciones es la cuestión de la homosexualidad.

Frente a un planteamiento evidente en Amar es para siempre, en el que la denuncia hacia la homofobia estaba implícita por el contexto histórico, excusa constante para referenciar comportamientos discriminatorios, el salto al presente ha obligado a los guionistas a romper sus esquemas. Por un lado, descubriendo nuevos fallos -que no son pocos- en la ranciedad contemporánea. Por otro, forzando la idea de que Luisita y Amelia pueden ser dos personajes con mucho que aportar, más allá de su relación. Algo que, en un universo que sigue empleando, mayoritariamente, la no normatividad en la ficción como espejo de ella misma y no como propuesta de identidad universal, no es habitual.

“Amelia es actriz y muchas de las situaciones que vive son muy comunes, yo las he vivido y también muchos compañeros actores que pelean cada día por pagar el alquiler con su trabajo, no siendo camareros”. Carol Rovira agradece este rumbo nuevo, esta oportunidad de ampliar horizontes. “Ella y Luisita son dos mujeres que se quieren, pero esto no es el titular. Tienen que existir este tipo de personajes para que llegue un punto en el que no sea necesario hablar de estas problemáticas. Y creo que Luimelia está en este punto. Hay una lucha feminista” -añade- “que nos ayuda a encontrar situaciones de machismo, ajenas o incluso propias, que Luimelia puede señalar y denunciar. 

Fotograma de '#Luimelia'
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Cinemanía

Pero además de esas situaciones de crítica y denuncia, Luimelia quiere contar la historia de estas dos personas que se quieren, la lucha de dos mujeres del siglo XXI”. “En Amar es para siempre la relación de estas dos chicas se cuenta por el contexto en el que se da”, completa Borja Santaolalla. “España post franquista, nada avanzada en este tema. El contexto marcaba la trama. Al pasarlo aquí, al llegar al 2020, teníamos la oportunidad de quitarnos esto. Esto no significa que no haya represiones en nuestra época, como las que sufren muchísimos países que nos ven, donde la homosexualidad está incluso penada, pero esto no siempre es lo que queremos contar”.

El respeto inunda el resto de declaraciones de todos los entrevistados para este reportaje, visiblemente conscientes de su responsabilidad educando a generaciones, compaginando su compromiso con su búsqueda de la excelencia en su oficio. Si reto parece mayúsculo, queda una clave en la ecuación para hacerlo todo más complicado.

Welcome to the internet

¿Qué significa un fenómeno fan para un creador? Realmente, el público no tiene por qué saber cómo se construye una serie. Para muchos, una directora o un guionista no son más que un nombre al principio de unos créditos que se saltan haciendo clic en un botón. Sencillamente, representan un bloqueo entre lo que querrían y lo que ocurre. De hecho, si se suma esta desconexión a la proximidad que otorgan las redes, aquellos autores que han dado a la audiencia lo que ahora les apasiona, podrían plantearse, tras linchamientos o alabanzas, abandonar el criterio que los llevó al éxito en un primer lugar. El delirio. 

Diana Rojo corrobora haber sufrido las consecuencias de este pensamiento, que guste o no, ya define la manera en la que se crea ficción. “Ocurre en el momento en el que empiezas a interactuar. Es divertido, permite un juego que mola, pero en esa relación, si como creador das pie a que la jerarquía se nivele, la gente llega a un punto en el que te exige de forma muy directa. Tienes que poner perspectiva y somos conscientes de que eso no nos tiene que influir a la hora de escribir". 

"Hemos hecho algún capítulo donde Luisita y Amelia no salían tanto, porque para nosotros era importante hablar de otras tramas, pero el fandom no lo entendía porque para ellos solo era necesaria la principal. ¿Vas a dejar de hacer ese capítulo? No, pero las críticas son super cruentas. Dan mucha caña”. Santaolalla refuerza esta idea. “Tienes que poner una barrera. Nos corresponde a nosotros crear la serie, no caer ante la exigencia de los seguidores. Evidentemente, sin contar críticas que, como en cualquier producto, es lógico recibir.”

Fotograma de '#Luimelia'
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Cinemanía

La sensación es, de nuevo, que el criterio principal de la audiencia es la búsqueda de representación y el control de los matices y evolución de esta, incluso en detrimento de elementos universales o de propuestas que añadan textura al relato. Más tarde, llega la gran cuestión que inunda nuestro tiempo, ¿es necesario pertenecer a un colectivo para contar sus historias? -olvidando el hecho de que estamos ante un producto creado por personas no homosexuales cuya audiencia homosexual ya ha aplaudido-. 

Un debate del que únicamente se vislumbra su comienzo y al que las grandes corporaciones acceden con grises intenciones, con menos ganas de las que prometen -tos, Disney, tos-. Diana Rojo ofrece su visión: “yo creo que no es necesario formar parte de ese colectivo. A través de Luisita y Amelia no estamos contando la historia de ese colectivo, no pretendemos hacerlo ni muchísimo menos. Estamos contando una historia particular, que además tiende a ser universal en muchas cosas. Creo que los espectadores conectan con la universalidad. Con un sentimiento de pérdida, con algo que nos pasa y destruye una relación, con cómo una pareja saca de ti algo que no te gusta. Habrá cosas particulares que tengan que ver con que ellas sean lesbianas, pero universalizar no es heterosexualizar, al menos en este caso”.

“Esta ya no es una serie hecha por y para las fans o los fans” sentencia Paula Usero, cuya exposición sin duda ha ido creciendo, convirtiéndola en receptora de opiniones de todo tipo. “Gracias a que tuvimos a muchísima gente detrás, seguimos adelante. Pero de cara a la segunda y tercera temporada, ese fandom volvió más exquisito. Podían opinar, etiquetarnos en redes o intentar manipularnos

Los creadores de Luimelia no son manipulables, cada uno escribe lo que le da la gana. Nos hemos querido mantener un poco más alejados de las redes sociales, porque sientes que nunca es suficiente. Hay una parte muy buena de jugar con un fandom a favor, pero cuando hay gente que escribe para criticar, aunque sean diez personas, te quieres mantener alejado para que no te coarten la libertad”. 

Fotograma de '#Luimelia'
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Las ramificaciones y las implicaciones que estos testimonios conllevan son tan relevantes como numerosas. Por ejemplo, es innegable la responsabilidad y repercusión del producto español, todavía hoy, en Latinoamérica. Una grandísima cantidad de tweets, comentarios o correos que llegan al equipo de Luimelia son de países del otro lado del océano, cuya situación es muy diferente, lo que provoca que coloquen a muchos de los productos patrios que aquí se han normalizado, la etiqueta de libres, necesarios, referentes.

No estamos solos y sabemos lo que queremos

Existe todavía otra pata más en esta imposible mesa. El apartado transmedia. Atresmedia cuenta con un departamento digital, dedicado a múltiples funciones, desde desarrollar podcasts hasta abrir los perfiles de Twitter de los personajes. Una manera de diseñar narrativas paralelas que motiven el engagement del público, manteniéndolo constantemente estimulado. Este es el departamento del que nace realmente Luimelia, con Camino Sánchez y Anto Garzía como piezas claves.

Un equipo que comienza a proponer, en las primeras temporadas, acciones no guionizadas que actuarán como eje para la ficción en sí, y que ahora, gracias a su indiscutible importancia, es una herramienta estructurada y planificada, en la que intervienen Borja Santaolalla y Diana Rojo cuando es necesario. “De hecho”, confiesa Diana, “el transmedia esta temporada lo hemos guionizado los propios guionistas, para que todo fuera acorde a la línea principal de la serie. Está todo más organizado. De la experiencia de haber sufrido la improvisación, ahora buscábamos más control”.

Fotograma de '#Luimelia'
Fotograma de '#Luimelia'
Cinemanía

Luimelia debería ser tomada en consideración por nuestra industria mucho más allá del efecto adolescente. Que su inocencia no engañe a nadie, dentro de años se estudiará como un testimonio de valor incalculable, como la forma más exacta que ha dado España a la hora de tender un puente generacional entre público de sobremesa y audiencia de generación zeta. 

Entre una forma todavía exitosa y arrolladora de producir, generando puestos de trabajo y beneficios, y otra que se impondrá, creando escenarios que hoy solo intuimos. Pero eso será mañana. Hoy, para acabar, Paula Usero explica lo que a ella le gustaría hacer, como pilar de una serie que parece admitir cualquier locura: “yo ayer me llevé moringa al rodaje, una suplementación que tomo para obtener buen ánimo, energía y buena vibra. Y empecé a repartir mientras rodábamos.

Y alguien dijo “imagínate que, en la siguiente temporada, a Luisita vienen y la detienen y la meten en la cárcel”. Me molaría eso, algo muy loco que no tuviese nada que ver, ir con la cabeza rapada, yo que sé. Yo siempre hago de niña mona, buena y dulce, pero no me proponen un macarra. Me muero por hacer un macarra y pegarme. Eso sería un retazo”.

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