Eva Santolaria: “En 'Compañeros', Quimi y Valle éramos rebeldes pero siempre luchábamos por valores positivos”

Mientras rueda 'Todos mienten', su nueva serie en Movistar+, hablamos con la actriz de 'Compañeros' y el impacto que tuvo en la sociedad española.
El 25 de marzo se celebró el 20 aniversario de 'Compañeros' (1998-2002), la serie de Antena 3 que sirvió de cantera de muchos actores españoles. Su protagonista, a excepción de su participación en 'Sé quién eres' (2017), no se ha dejado ver mucho en los últimos años. Está preparando su vuelta al cine con 'Abuelos' (2019).
Eva Santolaria.
GTRES

El momento en que Eva Santolaria (Barcelona, 1975) decidió aparcar sus estudios de Derecho para dedicarse de lleno a su verdadera vocación –la interpretación– no pilló por sorpresa a su gente. 

"Mis padres sabían que a mí me gustaban la política, las leyes y la economía, pero que yo quería ser actriz", comenta la intérprete catalana. "A la vez que estudiaba la carrera, yo continuaba estudiando interpretación, y ya hacía años que me pasaba horas leyendo los periódicos, buscando anuncios para ver si encontraba castings. Pero este es un camino difícil, sobre todo cuando no vienes de una familia que pertenece a este mundo". 

La incertidumbre dio paso a la euforia poco después, justo el día que Antonio Chavarrías seleccionó a Santolaria para aparecer en su película Susanna (1996) y, sobre todo, cuando le ofrecieron formar parte del elenco de Compañeros, una serie que la llevaría a hacerse con un TP de Oro a mejor actriz de televisión en el año 2000 y que le permitiría convertirse en uno de los rostros más populares de la ficción española. Desde entonces, no ha dejado de encadenar un proyecto tras otro –salvo cuando así lo ha decidido ella por alguna razón, claro–.

CINEMANÍA ha charlado con la actriz barcelonesa sobre su etapa en la icónica serie producida por Globomedia y sus últimos proyectos.

Pronto se cumplirán veinte años del final de (tu) Compañeros. ¿Se te han hecho largas estas dos décadas, o se te han pasado en un suspiro?

El tiempo pasa volando. Este año se han cumplido 25 años del último día de rodaje de Susanna, y a mí me parece que fue ayer. No me parece que hayan pasado tantísimos años. Me han pasado un montón de cosas en lo profesional y lo personal. En los últimos diez años, además, cogió más peso mi vida personal, pues tuve a mis hijos y demás, y ahora es como que todo ha vuelto un poco a equilibrarse de nuevo.

En la serie de Antena 3 encarnaste a Valle Bermejo, la chica rebelde enamorada del chico malo. ¿Te pedían algún tipo de consejo las adolescentes que te veían en esa época por televisión?

Consejos no, pero sí que te conviertes en una especie de referente o ídolo. Dentro de la pandilla de Compañeros, [Quimi y yo] éramos los rebeldes, pero los valores o aquello por lo que luchábamos siempre eran positivos. La amistad era lo que hacía que pudieras superar los problemas. Era una serie de adolescentes muy blanca en este sentido. Quimi y Valle eran la pareja de chicos malos que se gustan y se llevan mal; un manual de tensión sexual no resuelta, vamos. Era previsible que a los chicos les gustara la chica mala, que era Valle, y que a las chicas les gustase el chico malo, que era Quimi, y que además quisieran que estuviéramos juntos.

Para muchos, tu personaje se convirtió en un icono de estilo gracias a aquella ropa adolescente tan moderna y divertida. ¿Conservas algunas de tus famosas zapatillas con plataformas?

La verdad es que no. No me quedé con nada...

La crítica aplaudió que la ficción se atreviera en esa época a tratar temas de interés social como el racismo, las drogas o la violencia juvenil. ¿Crees que por eso conectó tanto con los jóvenes que la veían como con sus padres?

Últimamente me estoy encontrando con mucha gente que la veía en 'directo', y que me dicen que el hecho de reunirse con la familia y ver la serie por la noche era para ellos todo un acontecimiento. Dicen que verla les permitía luego comentar con sus padres los temas que se estaban tratando en ella. Creo que Compañeros consiguió que temas como el sida o las drogas se hablaran de una manera muy transparente, en prime time y para toda la familia, con unas tramas que podían gustar a distintos segmentos de la sociedad.

Aquello derivó en una especie de fenómeno sociocultural que pilló por sorpresa a casi todos. ¿Cómo gestionaste tú ese boom?

Yo creo que todos vivimos un proceso de adaptación, porque es algo que no había ocurrido tampoco en España nunca antes. Aquí no existía un fenómeno fan relacionado con la ficción. Podías tener en tu carpeta fotos de actores de Hollywood, o de cantantes de aquí o allí, pero no de un actor o un grupo de actores de una serie. Cuando empezamos a ser conscientes de la repercusión que está teniendo la serie, no tanto en audiencia como a nivel social, esto es algo que pilla totalmente desprevenidos tanto a los actores, como a directores, productores y a la cadena. Gestionar el día a día era muy complicado. Nosotros pasábamos muchas horas en el plató, rodando, e íbamos cada día a trabajar en algo que nos apasionaba y que era como un regalo. Cuando acababa la jornada, era tan tarde que te ibas directo a casa, te ponías a estudiar y al día siguiente te volvían a recoger a las seis de la mañana. No fuimos conscientes de lo que estaba pasando hasta que vimos que ya no podíamos disfrutar de nuestro tiempo libre como habíamos venido haciéndolo hasta hacía dos días.

Yo me volvía a Barcelona y no podía hacer lo que había estado haciendo con mis amigos del cole hasta hacía unos meses. Pienso que todos necesitamos tiempo para aprender a vivir con este tipo de popularidad, y para aprender que todo eso forma parte de tu trabajo y que es algo pasajero. Yo esto lo viví, además, de una manera superclara cuando terminé de rodar Compañeros en junio o julio. Hasta que empecé a trabajar en Siete vidas, en el mes de septiembre u octubre [de ese mismo año], el fenómeno fan cayó. La gente me empezó a ver entonces como a una actriz, en lugar de como ese personaje que pensaban que en realidad eras tú.

En plena vorágine, había gente que averiguaba incluso tu número de teléfono, descubría dónde vivías y hasta te robaba la ropa interior. ¿Tenías algún truco para zafarte de los fans acosadores?

Pasaron muchas cosas, sí. Al final, acabas usando trucos de supervivencia. Son cosas que aplicas para poder vivir y tener tiempo para ti, y para que todo eso no te pase factura. Llegó un momento en que evitaba pasar por delante de un colegio, no cogía el transporte público o no cruzaba Sol caminando. Recuerdo una vez que acabé saliendo de un centro comercial escoltada por la policía. Cuando vas a un centro comercial y terminas encerrada en el vestidor porque andas rodeada [de fans], aprendes que igual es mejor evitar esa situación, y simplemente dejas de ir. Esto hace que cada vez reduzcas más el número de cosas que haces. En lugar de ir de copas a bares llenos de gente y con ambiente, terminas yendo a los que están vacíos, para poder estar tranquila tomándote una copa y no sintiéndote el centro de atención. Esto, que te pilla así con veintipocos años, hace que luego tengas que volver a aprender, otra vez, a vivir haciendo cosas normales.

En ese momento, los actores de televisión eran vistos por la crítica y por aquellos otros que hacían cine como profesionales menos competentes. Cómo han cambiado las cosas, ¿verdad?

Ha cambiado muchísimo todo. En aquella época, se miraba con más admiración a los actores de cine y teatro. Entonces, ni te planteabas que un actor de televisión pudiera hacer teatro y que eso consiguiera atraer público a la sala. Ni te planteabas que un actor de televisión pudiera ser imagen de una marca. Y en nuestro caso, que hacíamos de estudiantes, era como 'Tú eres así realmente'. No se pasaba por la cabeza que tú pudieras ser en realidad de otra manera, y que simplemente estuvieras interpretando a un personaje. No se puede generalizar, pero sí que es verdad que no se solía hablar de los actores de televisión como grandes actores. Esto ha ido cambiando, no ya porque el actor sea mejor o peor ahora, sino porque hace teatro, cine y televisión indistintamente. Por eso, y porque el producto que se hace ahora tiene el reconocimiento del público y la crítica. 

Ahora mismo estás rodando para Movistar+ un thriller de seis episodios que lleva por título Todos mienten y está dirigido por tu marido, Pau Freixas. ¿Cómo se te da a ti eso de faltar a la verdad?

A mí, fatal. [risas]. Yo no miento. Aunque también te digo que así me va... Soy de las que piensan que el mejor argumento gana. Mentir para salirme con la mía me parece el camino corto. Prefiero batallar, decir lo que pienso y dar la cara cuando tengo que hacerlo. Pero creo que en ficción sí se me da mejor, porque es divertido. En el caso de Todos mienten, la cosa tiene que ver más con las mentiras que nos decimos a nosotros mismos. No creo que sea tan sencillo ser honesto al cien por cien con uno mismo.

Hace ya unos cuantos años que cambiaste Madrid por Barcelona como lugar de residencia. ¿No sientes nunca morriña?

¡Mucha! Yo tengo mi casa en Madrid, en Gran Vía. No me he desprendido de ella. Tengo el corazón totalmente dividido. Barcelona es mi ciudad natal, donde he crecido, donde tengo a mi familia y donde están creciendo mis hijos. Madrid es la ciudad que la vida me llevó a escoger para desarrollarme profesionalmente, y es donde he vivido un montón de años. En Madrid tengo un montón de amigos y es donde he hecho más cosas, así que voy mucho por allí. Es como ese intento de tener un pie en cada sitio.

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