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'Central Park' 2T: el musical animado de Apple TV+ cambia de formato pero conserva intacto su encanto

La serie de Loren Bouchard ('Bob's Burgers') gana confianza y arrebatos de experimentación en su segunda temporada.
Central Park
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Cinemanía

La obra de Loren Bouchard siempre se ha basado en la sinceridad. En una era en la que gran parte de las comedias animadas para adultos siguen abrazando el cinismo como recurso principal, el creador, guionista y dibujante ha forjado su carrera entera clamando abiertamente que hay formas de hacer reír sin recurrir a tesis nihilistas y a personajes siendo terribles los unos con los otros.

No resulta sorprendente, por ello, que su propia carrera en el mundo de la animación naciera de un gesto de bondad: años después de dejar el instituto y empezar a trabajar como camarero, Bouchard se topó con un antiguo profesor suyo de primaria en su bar, que le preguntó si seguía haciendo aquellos dibujos a los que dedicaba toda su atención en clase. Le incorporó al corto de animación que estaba dirigiendo en esos instantes, que terminó sirviendo de piloto para Dr. Katz: Professional Therapist, en la que Bouchard terminó asumiendo el rol de guionista y productor.

Creaciones posteriores como Home Movies o la exitosa Bob's Burgers, nacida de las ansias de Bouchard de ver representada en ficción a su familia de clase media-baja, han abrazado cada vez más esa honestidad y cariño por sus protagonistas. Y Central Park no es una excepción: la serie de Apple TV+ resulta hilarante y divertidísima sin recurrir en ningún momento a la crueldad con su amplio reparto, asumiendo que una serie de animación para adultos puede tratar temas realmente adultos sin alienar a su audiencia por el camino. Y encima cantan.

Se levanta el telón

La primera temporada de Central Park, tras incorporar al habitual de Broadway Josh Gad como cocreador, trasladó todo lo previamente establecido a un contexto de musical puro con pulso y maestría. Si algo ha cambiado en la segunda temporada, es una necesidad de adaptarse más a lo que debe ser una sitcom. 

Bouchard y su equipo empiezan a ver esta serie como algo a largo plazo en vez de algo que han tenido suerte de que contraten en primer lugar (para ser justos, pintaba muy ambiciosa como para sobrevivir), y deciden convertir la narrativa lineal y de continuidad estrecha con la que contaba la primera temporada en algo más fácil de trasladar a una estructura semiautoconclusiva.

Esto podría haber acabado con la serie: un musical de Broadway, por naturaleza, necesita mantener las cosas moviéndose a nivel narrativo para que las canciones resulten efectivas y conecten con el punto en el que están los personajes. 

Por suerte, tras dos temporadas, estos están ya tan perfectamente perfilados que las canciones funcionan en cualquier contexto. Y qué canciones: si la primera temporada ya contaba con figuras como Alan Menken o Fiona Apple firmándolas, la segunda se vuelve aún más loca contratando desde a bandas de culto como They Might Be Giants hasta a reputados cantautores como Rufus Wainwright o Regina Spektor.

Pero el pegamento que une todo esto siguen siendo las compositoras principales de la serie, Kate Anderson y Elyssa Samsel, cuyo talento da cohesividad a la serie como un todo y, al mismo tiempo, produce canciones individuales a la altura de cualquier invitado especial.

Experimento sonoro

E igual de importantemente, el formato sitcom permite a Central Park empezar a experimentar. Si la primera temporada contaba una sola historia de forma directa y con claridad, poder firmar episodios de televisión más contenidos da pie a triunfales desafíos de forma y fondo como Fista-Puffs Mets Out Justice, 22 minutos enteramente situados dentro del cómic de superhéroes que suele garabatear en clase la pequeña Molly; o The Shadow, un relato de misterio sin el reparto familiar principal que concluye con una secuencia muda de seis minutos a ritmo de violín y a la altura de lo más emotivo que hayáis visto en televisión este año.

Esto también permite a su equipo de storyboard y animación dar rienda suelta a la creatividad, con secuencias musicales muchísimo más alocadas y fantasiosas que en la temporada anterior tales como la lisérgica The Answer is Ward. La ambición de los inicios de Central Park sigue intacta, simplemente se enfoca hacia otros terrenos. Y si esto es una señal del futuro de la serie y su ambición para renovarse a sí misma, tenemos genuinas ganas de que Bouchard y su equipo cojan este parque y sigan dejándolo florecer.

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