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'Barry' 3T: Bill Hader explora los límites del perdón en la mejor comedia negra de HBO

'Barry' regresa el 24 de abril con su tercera temporada: una exploración de sus personajes tan retorcida como refrescante.
Barry
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Cinemanía

A principios de 2018, cuando HBO estrenó Barry, la televisión ya había vivido su era dorada del antihéroe. Los protagonistas de moralidad gris cuyo ascenso y caída podíamos presenciar casi a tiempo real habían colmado las series de mayor prestigio de los últimos años, y gran parte de ellas empezaban a explorar otros terrenos. Pero Barry, desde el primer momento, funcionó a la perfección porque se negó a ser reducida a eso.

Y en este esperadísimo regreso, la serie sigue contando con todas las armas con las que logró tal triunfo. Para empezar, su inquebrantable sentido del humor: a medio camino entre la sátira de la industria del entretenimiento de una BoJack Horseman y la otrora inimitable energía del universo de los hermanos Coen, sus creadores son plenamente conscientes de que pueden forjar la serie más graciosa en antena siempre que quieran.

Lo confirman a menudo personajes como NoHo Hank, el asesino más entrañable de la televisión; y episodios como ronny/lily, un tour de force absurdista en pleno medio de la segunda temporada, capaz de explorar al milímetro una de las relaciones clave de la serie mientras narra una delirante persecución en coche para tratar (sin mucho éxito) de acabar con una niña salvaje.

Esa hilaridad se mantiene en plena forma en su regreso (¡atención a cierta secuencia de Barry al teléfono con Atención al Cliente!), pero no es el único as en la manga de la creación de Bill Hader y Alec Berg. Y el mismo personaje de Barry, un asesino a sueldo que se enfrenta a su depresión tratando de replantear su vida buscándose un hueco en Los Angeles como actor, es el ejemplo perfecto de ello.

Autobiografía y redención

Hader, que alcanzó la fama como cómico en Saturday Night Live, bromea con los elementos autobiográficos de su protagonista a menudo: ambos acabaron trabajando en algo que no les hacía felices por pura casualidad, y se pasaron años llevándolo a cabo porque se les daba muy bien y no veían alternativa. 

Esta chispa inicial es la que termina convirtiendo a Barry Berkman en una de las piezas más fascinantes del puzzle que es la serie del antihéroe: todas ellas cuentan con protagonistas gradualmente irredimibles. Barry es quizá la única que, pese a ello, solo quiere hablarnos de la redención.

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¿Puede una serie con una contradicción tan grande en su núcleo siquiera funcionar? Si podemos sacar conclusión alguna de su tercera temporada, que saca esto a la luz más que nunca, es que puede incluso ser su versión más efectiva. 

Los nuevos episodios de Barry empiezan a explorar a fondo y para su reparto entero el verdadero significado de tratar de cambiar, mejorar y ser digno del perdón ajeno... y esa contradicción temática solo termina de redondear su tesis. Porque en el fondo, este es un camino lleno de contradicciones para todos ellos.

La tercera temporada

Lo que hemos visto hasta ahora de esta temporada llega a los puntos más retorcidos que una serie ya muy propensa a ello ha alcanzado hasta ahora. Y, de nuevo, puede sonar extraño pero es apropiado: la exploración de personajes de Barry nunca ha tenido miedo de ahondar en lo más profundo y recóndito de sus protagonistas, en ocasiones aterrizando en sus lugares más oscuros a través de la comedia. Esta es, por ejemplo, la serie con la exploración más fascinante y crítica del sistema militarista estadounidense; y a menudo se sale con la suya a nivel narrativo porque, de nuevo, también sabe ser la más graciosa.

Pero para una serie que usa tantas contradicciones a su favor, que hace malabares con tantos elementos y tonos, es encomiable lo claro que tiene siempre a donde quiere llegar. La posibilidad final de automejora de sus personajes le importa mucho menos que el propio hecho de que la ansíen, que sean personajes tridimensionales con un claro objetivo en sus vidas. Hader y Berg no tienen soluciones fáciles para nadie, pero quieren hablarnos de ello de todos modos, porque están tan hipnotizados como nosotros por el concepto mismo de la redención.

“El perdón hay que ganárselo”, espeta un extrañamente serio NoHo Hank en el primer episodio de la temporada. Y lo merezcan o no, sean asesinos a sueldo o profesores de actuación, jamás deja de resultar cautivador presenciar ese eterno intento.

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