Vanessa Kirby, la actriz que se niega a que la sexualicen: "Esa no soy yo"

Gracias a ‘The Crown’ se convirtió en fenómeno internacional. Con 'Fragmentos de una mujer' continúa su misión particular en busca de mujeres reales y rechazando miradas sexualizadas.
Vanessa Kirby
Vanessa Kirby
GTRES
Vanessa Kirby

El casting de Vanessa Kirby (Londres, 1988) para interpretar a la princesa Margarita en The Crown fue “catastrófico en todos los sentidos”, le gusta repetir al creador de la serie, Peter Morgan. Kirby se había untado de bronceador con poca habilidad. Según recuerda Morgan, las palmas de sus manos estaban muy oscuras y, además, la actriz sudaba. 

Pero ni esa visión “caótica” pudo con “la honestidad, electricidad y magnetismo” que desprendía, “la valentía y crudeza con la que se expuso a sí misma”. De aquella audición salió elegida y Morgan lo vio claro: “Esta mujer va a ser magia”.

Los siguientes dos años esa magia magnética se cumplió y propagó. Kirby, que en Reino Unido se había ganado ya un nombre trabajado en el teatro, se transformó en una estrella internacional gracias al papel principesco y a Netflix. “Un regalo” lo define ella.

Inicios a la sombra de los cerezos

A diferencia de otros actores y actrices, a Vanessa Kirby le gusta mucho hablar de su trabajo, de sus papeles, de su proceso, de su amor por la interpretación. Puede ser que aún esté contagiada por esa magia que ella propaga y de la que se contagió por primera vez cuando tenía 11 años, viendo a los hermanos Redgrave, Vanessa y Corin, en El jardín de los cerezos. 

Era la enésima obra a la que su padre, “un fanático de Shakespeare” y también un cirujano urólogo de prestigio, la arrastraba junto a sus hermanos. Ella siempre se aburría, hasta aquella noche. “Me sentí en ese jardín con ellos. Fuera la magia que fuera, me sentí absorbida por ella”, cuenta.

También la salvó, dice. La interpretación, el teatro, la salvaron de una infancia que, aunque privilegiada, en colegio de élite y barrio fino de Londres, sufrió por un acoso constante de sus compañeras. Solo en las clases de teatro se sentía libre. Sintiéndose a salvo en ese espacio, a los 17 intentó entrar en escuelas de teatro. “Sin preparación ninguna, sin idea de nada” fue rechazada en todas ellas y se marchó nueve meses de viaje. 

A su regreso, entró en la universidad, a estudiar y vivir. “Conocí un grupo increíble de amigos, salíamos todas las noches y ensayaba todas las tardes”, relata. Al terminar, ya no tenía duda de qué camino seguir. Esta vez sí la aceptaron en una buena escuela de teatro, pero la confirmación llegó al tiempo que un representante y la oferta de tres papeles seguidos sobre las tablas.

Contra la sexualización

Con solo 24 años, Kirby empezó una carrera ascendente en el teatro inglés que iba salpicando con televisión y algún pequeño papel en películas de cierta repercusión (Una cuestión de tiempo, El destino de Júpiter). Hasta que llegó The Crown y las grandes ofertas, según la actriz, en un buen momento, en pleno MeToo para darle la responsabilidad, a la vez que ganaba “una posición más afortunada”, en la que poder decir “no” a papeles de mujeres florero.

“No quiero un plano de mi culo. No quiero que me rueden desde una mirada sexualizada. Esa no soy yo”, dice. Y defiende su papel de mujer fatal en Misión: Imposible - Fallout (y las dos secuelas que ahora rueda) por la posibilidad de decidir qué ropa vestir y cómo profundizar en el personaje. “Nunca pensé que la acción sería mi género, pero ahora entiendo que también puedes transcender en él si intentas encontrar a la mujer real detrás del personaje”, responde.

Fragmentos de Vanessa Kirby

Sin embargo, tomando como referente a Gena Rowlands, tras la salida de The Crown con BAFTA incluido, Kirby se ha dedicado a buscar papeles transformadores y subversivos en los que pueda experimentar “el estado de sueño lúcido” que para ella es actuar. Eso le pasó con Fragmentos de una mujer cuando terminó la cuarta toma final de un plano secuencia de casi 30 minutos en los que da a luz a un bebé muerto.

A sus 32 años, Vanessa Kirby no es madre. Cuando aceptó el papel de Martha en Fragmentos de una mujer, el relato de una ruptura después de la pérdida de un bebé deseado con un plano secuencia de un parto en casa, supo que tenía mucho que investigar. “Tenía que entender qué es esperar a tu primer hijo, dar a luz, y sentir el dolor de no tener a la persona que estabas esperando”, explica.

La actriz atendió a un parto y estudió tanto que pensaba y sentía como Martha ante Shia LaBeouf, su pareja en el filme, y Ellen Burstyn, su madre. El debut en inglés del húngaro Kornél Mundruczó (White God) le gustó tanto a Scorsese que se metió como productor. Puede ser la película que dé el vuelco definitivo a la carrera de Kirby, sonando a Oscar.

Y quizá doble, por su otro papel del año, en The World to Come. La actriz terminó sin saber “si aquello había pasado de verdad o lo había imaginado”. Un poco como está ahora, aún en un sueño. Aunque es su realidad. 

Periodista cinéfila y escribiendo (libremente) desde Nueva York sobre películas y sus alrededores culturales en CINEMANÍA y otras publicaciones

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