Studio Trigger: sinceridad narrativa y taladros gigantes

El estudio de Hiroyuki Imaishi estrena 'Promare', un largometraje lleno de sus señas de identidad.
Studio Trigger: sinceridad narrativa y taladros gigantes
Studio Trigger: sinceridad narrativa y taladros gigantes

Si le preguntas a Hiroyuki Imaishi por los orígenes de Studio Trigger, te dirá que nació a partir de la esperanza de producir más animación original. Uno de los directores más icónicos del anime contemporáneo, Imaishi llevaba décadas forjándose una carrera en el legendario estudio Gainax antes de fundar el suyo propio: desde animar en la ya legendaria Neon Genesis Evangelion hasta dirigir la animación y el storyboard en la etapa original de FLCL, que se forjó su seguimiento de culto e influenció a una enorme cantidad de artistas.

Pero fue su primera serie como director allí, Tengen Toppa Gurren Lagann, la que estableció todas las señas de identidad que después resultarían clave para Trigger. Tan influenciada por su trabajo en Evangelion como por la Toei Animation de los años 70, la serie abrazaba todas las tradiciones del mecha anime a más no poder a través de una sinceridad palpable, trasladándolas de paso a un filtro visual casi de cartoon.

Fue esta sensibilidad, con la que Imaishi empezó a beber cada vez más de narrativas visuales occidentales, la que decidió llevar al extremo en su última serie como director en Gainax, Panty & Stocking with Garterbelt. Inspirada por las series de animación para adultos americanas del momento, la serie era un desmadre absoluto con un tono de comedia tan transgresora como absurdista, con la que volvió a ganarse una larga lista de fans pese a su corta duración.

Studio Trigger: sinceridad narrativa y taladros gigantes

Fue tras esto que Imaishi partió a fundar Trigger, y el estudio empezó forjándose un camino asistiendo con la producción de series ajenas hasta la llegada de dos series clave: Kill la Kill y Little Witch Academia. El lanzamiento de ambas, la segunda de ellas parcialmente financiada vía crowdfunding a partir de un corto que formó parte de las primeras obras de la compañía como tal, catapultaron a la fama a un estudio que hasta entonces el renombre previo de Imaishi se había visto obligado a llevar a hombros.

Fue aquí cuando su apuesta empezó a dar sus frutos, momento en el que el equipo quiso encargarse de sacarle partido al completo y producir su primer largometraje original: Promare. Ya abrazando plenamente su amor por las narrativas enteramente sinceras, las elaboradísimas set-pieces de acción y esa delirante animación semi-cartoon tan influenciada por todo aquello que admiran, Imaishi y su equipo parecen haberse planteado la película como el colofón absoluto de su obra hasta el momento. De algún modo, da la sensación de que han querido hacer el largometraje más Studio Trigger de la historia.

Y Promare, en ese sentido, es un triunfo absoluto: una reconfiguración de todos los patrones previos que han forjado la carrera de Imaishi y su equipo durante décadas, que de algún modo alcanza un punto en el que los perfecciona y termina de pulir con todo el encanto y la efectividad del mundo.

En su afán de producir más animación original, Studio Trigger han logrado establecerse una identidad propia de la mejor de las maneras, resultando tan exitosos como cien por cien reconocibles - hasta el punto en el que, en el estreno de la película durante el festival de animación de Annecy, la sala se llenó de aplausos y vítores con la mera aparición de un ya plenamente recurrente taladro gigante. Y no se me ocurre mayor halago.

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