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[SEMINCI 2020]: Umbral, el hombre tras la máscara

La Semana de Cine de Valladolid rinde homenaje al gran y afilado cronista del Madrid de los 80 y 90 en 'Anatomía de un Dandy', una obra que ahonda en su perfil más privado
[SEMINCI 2020]: Umbral, el hombre tras la máscara
[SEMINCI 2020]: Umbral, el hombre tras la máscara

El periodista Raúl del Pozo dice que era “un mimado del sistema” y su colega Pedro J. Ramírez, que “sus columnas eran droga para los españoles”, pero el verdadero éxito de Francisco Umbral, cuyo nombre verdadero era Francisco Alejandro Pérez Martínez, premio Cervantes en el 2000, fue mantener lo privado alejado, alejadísimo, de su perfil público. “¿Cómo consigues escribir casi exclusivamente de ti mismo y que la gente solo sepa de ti lo fundamental? Eso lo consigue un escritor enorme”, afirma Manuel Jabois en Anatomía de un dandy, de Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, presentada anoche en gala especial en la Seminci 2020 y que podremos ver en cines el 20 de noviembre.

Todos estas rubricas del columnismo patrio, junto a Juan Cruz, Ángel Antonio Herrera, Antonio Lucas, Victoria Vera, Ramoncín, Bénédicte De Buron-Brun, Manuel Llorente, Fanny Rubio, Jorge Urrutia, Rosa Montero, Manuel Vicent y David Gistau, en una conmovedora aparición póstuma, ponen voces de secundarios al relato desde el yo que vehicula el documental de Arnaiz y Ortega. ¿Cómo no darle el protagonismo a la voz cavernosa, en ocasiones de un alcance lírico muy enternecedor, y a la presencia imponente de Umbral? De ahí que Arnaiz y Ortega tiren del archivo personal del autor y del archivo de Eduardo Martínez Rico, biógrafo y estudioso de Umbral, y que nos descubran muchas joyas inéditas narradas de viva voz de quien se autodenominó un “quinqui vestido de Pierre Cardin”.

Umbral, hijo bastardo en el Valladolid timorato de la posguerra, convirtió los miedos del niño que siempre se sabe fuera de lugar en la fuerza motora que le llevó a escribir cientos de artículos en hasta en 14 periódicos a la vez. Umbral estaba en todas partes y el misterio de su prolífica escritura le abrió las puertas de Madrid, de la poca bohemia que la grisura franquista permitía en el Café Gijón y que el transformó ataviándose de una capa negra, bufanda roja y pelo largo como si fuera un dandy post-ochenta-y-ochista.

Ahí nació el personaje de prosa de caricia y de látigo que triunfaría profesional y socialmente cuando los diarios impresos eran el verdadero espacio de la opinión pública y luego, con la instauración de la cultura catódica, le transformarían en la vedette literaria incorrecta de los shows nocturnos. Sus artículos de negritas eran el ‘place to be’ si uno era alguien en Madrid.

Arnaiz y Ortega, no obstante, prefieren en su documental poner la lente de aumento en los episodios privados del escritor, en el retrato de padre cariñoso, esposo leal y, a su modo, hogareño, y hombre sensible que sufrió la pérdida de un hijo. “No encuentro palabras para decir lo que sufrió Paco durante toda la enfermedad y toda esa ternura y toda esa disposición a jugar con el niño, y enseñarle a leer y todo lo que inventaba para que Pincho no se sintiera mal”, recuerda su viuda, la fotógrafa María España.

El perfil final que ofrece Anatomía de un dandy le da la vuelta al Umbral más ogro, pesetero y egocéntrico, capaz de espetarle en televisión a Mercedes Milá lo de “He venido a hablar de mi libro”. Incluso va más allá del Umbral tierno, cariñoso, divertido y gran conversador, porque Arnaiz y Ortega ofrecen, a la postre, un retrato completo sobre cómo un proletario de la máquina de escribir consiguió, a golpe aceleradísimo de tecla, hacer real aquello del ascenso social: “Me encanta porque es media hora deliciosa de insultar al personal: famosos, millonarias, putas… Es una especie de purga matutina y luego ya me pongo a escribir cosas más serias”.

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