Judi Dench: "Me dijeron que mi cara no servía para el cine"

La actriz, que sueña con memorizar los 154 sonetos de Shakespeare, fue galardonada en el Atlàntida Mallorca Film Fest.
Judi Dench en el Festival de San Sebastian en 2018.
Judi Dench en el Festival de San Sebastian en 2018.
GTRES

Judi Dench está feliz, muy feliz: “Hacía un año y medio que no salía de Reino Unido, así que te puedes imaginar lo que supone estar en Mallorca con este sol”. Viene porque le dan un premio, un Masters of Cinema a toda una carrera cinematográfica, sorprendentemente tardía y que se concentra a partir de la década de los 90. 

“Siempre quise ser una actriz de teatro. Mi verdadera y única pasión es Shakespeare. Tuve la gran suerte de acabar mis estudios de teatro y que me contrataran directamente en el Old Vic para interpretar a la Ofelia de Hamlet”, nos confiea. 

Cuando se acercó a las cámaras, la gran dama del teatro se llevó un chasco. “Hice una prueba y me dijeron que mi cara no servía para el cine, que era lo contrario a lo que se buscaba. Me levanté sin montar escándalo y me aparté de los platós”. No se desanimó: “Tienes que esperar a que llegue tu momento. Si tienes suerte, puedes tener una carrera larga”. 

La venganza de Judi Dench

Volvió en 1995, con un papel que la asentaría en Hollywood: la primera jefa mujer de James Bond en GoldenEye. Siete apariciones después (si contamos su presencia post mortem en Spectre), ha participado en la franquicia más que ningún agente 007: “Significó mucho para mi marido, que pudo decir que vivió con una “chica Bond”. Fue una deliciosa sorpresa. Bernard Lee, uno de los anteriores M, fue la primera persona con la que actué en televisión. Un gran amigo y un actor maravilloso”. 

Para su marido, ya difunto, fue un orgullo, pero a Dench se le quedó una espinita clavada: “Lo único malo de rodar Bond es que el equipo estaba siempre viajando a lugares increíbles. Pero como a mí me tocaba estar siempre detrás de un escritorio, nunca lo hacía. Así que en mi última película rodamos los exteriores en la periferia de Londres y colocaron un letrero en mi tráiler que decía: Innsbruck, para que no me quejara de que no había estado en ningún sitio”. 

Empezó tarde, pero lo cogió con ganas: siete nominaciones a los Oscar y una estatuilla a la mejor actriz de reparto por interpretar a la reina Isabel I de Inglaterra en Shakespeare in Love (John Madden, 1998), punto culminante de la factoría Weinstein y su insólita capacidad de promoción. 

Después ha pasado lo que ha pasado con Harvey Weisntein, y el Me Too, y que Judi Dench, con 85 años, sea la mujer de más edad que ha protagonizado una portada de Vogue… “Está dando a más mujeres la oportunidad de trabajar, aunque creo que todavía es muy difícil. Si una mujer interpreta el papel de un hombre, ¿qué aporta? Lo único que me interesa es si la gente entiende la obra o no. Es maravilloso que haya más diversidad. Y, por supuesto, es obvio que nunca ha habido suficientes papeles para las mujeres”. 

Entre Shakespeare y Coward

Además del premio, Dench se lleva de Mallorca el estreno de Un espíritu burlón, una adaptación de Noël Coward que le va como anillo al dedo, dada su pasión por las tablas. “Esa sensación que tienes en el teatro en el que el público te informa de lo que estás haciendo y de lo que puedes mejorar es indescriptible. Hice Cleopatra con Anthony Hopkins y sabía que había una frase que era incapaz de decir como debía. Tardé 99 representaciones en hacerlo bien. En una película no tienes una segunda oportunidad”. 

Mientras sigue con su propósito confinado de memorizar los 154 sonetos de Shakespeare (“no lo he conseguido, pero no me rindo y quiero hacerlo”), trabaja en tres nuevos proyectos (entre otras la nueva película de Kenneth Branagh, Belfast o El viaje de sus vidas, de Jules Williamson). La gran Dame Judi Dench tiene cuerda para rato.

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