[Festival de Toronto 2020] ‘Penguin Bloom’, Naomi Watts y su encantadora amiga la urraca

La actriz australiana se mide en pantalla con un pájaro con mucho talento.
Penguin Bloom
Penguin Bloom
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Eran la familia perfecta australiana, casi como los Hemsworth Pataky. Madre y padre surfistas, amantes del mar, ella enfermera, él fotógrafo, tres hijos solo lo bastante asalvajados, también amantes del mar. Pero se les ocurre ir a Tailandia de vacaciones. ¿Cómo se le ocurre a Naomi Watts, después de Lo imposible, volver de vacaciones a Tailandia? Pues claro, nada más empezar la película, se cae desde una azotea, desaparece, y se rompe la espalda. Siguiente escena: está en silla de ruedas, está enfadada con ella y con el mundo, se siente inútil, deprimida, no quiere salir de casa, prácticamente no se dirige a los niños, ni a su marido.

Penguin Bloom empieza rápido y fuerte, el drama está ahí expuesto y bien armado en los primeros 15 minutos. Basada en un libro del mismo nombre sobre la historia real de sus protagonistas, los Bloom, Watts es Sam, la protagonista de esos primeros minutos hasta que aparece LA PROTAGONISTA, con mayúsculas, la que da nombre al filme y que salva los muebles: una urraca. Así es, una urraca.

Ese pájaro con tan mala fama en esta historia es la mejor terapia para una mujer herida y deprimida. La metáfora queda evidente desde el primer momento, se expone sin prejuicios. El hijo mayor, quien narra el filme, es el que recoge a esta urraca herida que no puede volar. Su madre (Watts) no la quiere en casa, ya hay bastante con alguien que no puede hacer lo que debería hacer. “Debe de ser tan raro tener alas y no poder volar”, dice literalmente el chaval.

Pero, sí, como imaginamos, la urraca va recuperando su fuerza a la vez que Watts recupera la suya y sus ganas de vivir de nuevo. Vuelve al mar, en vez de en tabla de surf, en kayak. Vuelve a salir, a ver amigas, a abrazar a sus hijos. Todo gracias a la urraca. Ese pajarillo que se mueve con soltura y gracejo por la casa y que se mantiene fiel a la familia porque son animales monógamos de por vida. Qué suerte la de la actriz. 

Los americanos ya están pidiendo un premio para Penguin Bloom. Menudo salero. Y a pesar de toda la obviedad, Watts aguanta muy bien y la película hasta enternece final con ese mensaje hoy tan repetido de vivir al día y disfrutar cada momento venga como venga.

Periodista cinéfila y escribiendo (libremente) desde Nueva York sobre películas y sus alrededores culturales en CINEMANÍA y otras publicaciones

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